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Estado depredador

Estado depredador

Columnas jueves 22 de octubre de 2020 - 00:41

“Lupus est homo homini” (El hombre es el lobo del hombre)
1651, El Leviatán, Thomas Hobbes

Probablemente la frase de Hobbes sea una de las que más han marcado a cualquier persona que se acerque al estudio del Estado.

La metáfora es, en sí misma, el espejo del hombre que lleva dentro a un animal salvaje, que es capaz de realizar atrocidades y barbaridades contra su propia especie; es decir, somos capaces de realizar y normalizar actos tan inhumanos que pueden ir desde exterminios, secuestros, asesinatos, feminicidios, etcétera.

Y esto es posible porque, tanto en los mercados como en lo social y en lo político —y hoy cada vez más marcado en la virtualidad—, lo que prevalece es la mentira; que es “el único privilegio del hombre sobre todos los demás animales”, Dostoyevski.
Así, por ejemplo, en el mercado; Zygmunt Bauman solía decir que vivimos en un mercado donde, “además de tratarse de una economía del exceso y los desechos, el consumismo es también una economía del engaño.” Y esto se da, desde los consumos más básicos —quesos que no son quesos, litros que nos son litros— hasta servicios que sencillamente son una treta.

En la política sucede algo parecido; George Orwell afirmaba que podemos caer en los engaños básicos del sistema, pues vivimos en un Estado donde, “todos somos iguales, pero algunos son más iguales que otros”. Y esto sucede en condiciones tan claras como el nepotismo, el favoritismo, el clientelismo, la impunidad. Incluso, las instituciones diseñadas para revolucionar a la ciudadanía (partidos políticos u órganos autónomos) han terminado convirtiéndose en un privilegio que garantiza generosos recursos públicos; “un mercado rentable, socorrido por los negociantes y cazadores de fortuna”.

En lo social sucede que somos un pueblo que ha decidido girar hacia un ya basta a los excesos de la “clase política”. Pero al mismo tiempo, indecisos al momento de actuar en contra de los privilegios de los que se gozan: herméticos por la ira colectiva de masas donde todo aquello que sea visto o señalado como un statu quo es sencillamente rechazado independientemente de las razones, de la lógica, del sentido común.

Tal cual sucede en lo social, lo político y el mercado, podemos pensar que “la mentira” nos arroja hacía un Estado depredador, donde los “sentidos se acostumbran a ese bosque de traiciones y engaños” (C.W. Gortner). Donde uno actúa, con base en la sobrevivencia y al pragmatismo puro.

En sí, tal vez vivimos en un Estado depredador que es capaz de superar todo a base de la ira alimentada por narrativas anticorrupción; un todo que permite que el avasallamiento militar en las actividades civiles no se vea como una amenaza latente de la militarización; donde una rifa que no es rifa, se rifa; donde la elección para erigir la dirigencia nacional del partido mayoritario no se gana con el 50+1 en las preferencias, si no en una tercera encuesta; donde un soborno no es corrupción si no una aportación para la transformación; donde un desabasto de medicamentos oncológicos a niños con cáncer no es desabasto, si no el combate frontal a la corrupción…

Será que de todo esto nada importa en un Estado depredador por nuestra segada aspiración por señalar la pesadilla del pasado o que de plano “¿La culpa de todo la tiene el carisma de las pautas coyunturales?” Mafalda.

Inai-anticorrupción

Desde el pasado 31 de marzo se encuentran dos vacantes para el cargo de Comisionadas o Comisionados en el Inai, y sin embargo, la Comisión evaluadora del Senado de la República decidió retrasar el dictamen con los mejores perfiles que se esperaba para este martes 20 de octubre. Ojalá este retraso no corra la suerte del Comité de Participación Ciudadana del Sistema Nacional de Combate a la Corrupción o de los magistrados Anticorrupción —que siguen sin nombrarse—. El Inai es una institución activa capaz de construir un puente firme entre ciudadanía y poder. De ahí la importancia de los nuevos perfiles y de su designación sin más retrasos.


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/CR

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