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Estado real, fantasías fallidas.

Estado real, fantasías fallidas.

Columnas martes 14 de enero de 2020 - 00:36

Nuestra comprensión de los hechos políticos y los fenómenos sociales en general, está limitada por categorías conceptuales básicas, que son parte de nuestro sentido común, y que se arraigan en nuestra visión del mundo, a veces sin que seamos conscientes de ello.

Uno de los entes más incomprendidos, y a la vez sobre estimados en la posmodernidad política (este caos semi feudal, arrogante y faccioso en el que estamos, por lo menos, a partir de 1989) es el Estado mismo.

Tomo como ejemplo 2 noticias que se encuentran en los medios el día de hoy, muy distintas entre sí, que sin embargo nos ayudan a entendernos a nosotros mismos, y nuestros prejuicios. La primera es aparentemente chusca: el 75% de los expendios de pan en México, son informales.

No hay que ser economista para intuir que, al ser parte de la alimentación básica del mexicano de todos los estratos, estamos hablando de cantidades millonarias que dejan de ingresar, potencialmente, al fisco, sin contar los miles (millones, quizás) de trabajadores y familias que por este hecho quedan fuera de los sistemas de seguridad social, y de las prestaciones laborales establecidas en la ley. Además, el ejemplo es muy interesante porque no se puede estigmatizar como la informalidad más conocida (piratería, ambulantaje) y muy al contrario, es un oficio de gran tradición y respeto en México. Nadie tiene nada en contra del panadero ni contra su producto; es un oficio noble en forma y fondo. Por si fuera poco, tampoco es que el producto sea una mala copia del original, o viole la propiedad intelectual de nadie. No hay “pan pirata”. La segunda, en otro encabezado, es que los “empresarios”, que por las comillas siempre son muchos y muy ricos, pero muy discretos, muestran preocupación por el perfil de la nueva titular del SAT, Raquel Buenrostro, porque la ven como partidaria de una “política fiscal agresiva”. Tienen algo de razón, puesto que desde que era oficial mayor de SHCP, la funcionaria se mostró draconiana en la aplicación de la ley, inmune a las intimidaciones hasta de su jefe directo, y poco interesada en crear vínculos amistosos con las élites económicas y los grandes contribuyentes.

Es una pesadilla para los grandes abogados fiscalistas. Lo que no está claro es porqué la titular del SAT debiera ser de otra manera, más “amigable”. ¿Cómo se relaciona todo esto? El Estado es una organización entre otras, que trata de imponer sus normas, sin demasiado éxito, porque forma parte de la sociedad que gobierna, y no está por encima de ella (la idea es de Joel Migdal). Esto quiere decir que a veces la ley que prevalece, y a mucha honra para quien la cumple, es la de la familia, la de la costumbre, o la de la religión. Con las consecuencias que sean.

Queremos un Estado que no pueda recaudar un peso (porque es terrorismo fiscal), donde los funcionarios tengan salarios miserables (porque no hacen nada, según), que a la vez pueda tener calles impecables y seguras, y fuerza para crear y sostener “mercados sanos”.

Y medicina gratis, obvio. Mientras no veamos las contradicciones fundamentales en lo que queremos, será difícil lograr cualquier cosa.


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/CR

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