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Europa: Este vs Oeste

Europa: Este vs Oeste

Columnas miércoles 30 de junio de 2021 - 07:10

Pedro Arturo Aguirre

Viktor Orbán es un curioso caso de demócrata reconvertido en “hombre fuerte”. A principios de la transición húngara se distinguió por ser el dirigente de un partido de tendencia liberal, pero tuvo un poco exitoso primer gobierno (1998-2002) y en la oposición se reconvirtió al nacional-cristianismo. Cuando en 2010 volvió al poder ya no había quien lo parara en su vocación autoritaria. Impulsó la promulgación de una nueva Constitución hiperconservadora y a contrapelo de los preceptos básicos de la Unión Europea. Desde entonces pretende rediseñar la sociedad húngara según un modelo nacional conservador y cristiano, además de desmontar todas las instituciones de contrapeso al Poder Ejecutivo.

No es de extrañar, por tanto, la mala relación de Orban con la Unión Europea, la cual todavía pretende impulsar los valores de la democracia y los derechos humanos. La semana pasada al primer ministro húngaro le dieron tremendo rapapolvo los miembros del Consejo Europeo. Le criticaron con vehemencia la aprobación en su país de una ley anti LGTBI, la cual prohíbe cualquier alusión a la homosexualidad en las escuelas o en cualquier tipo de publicidad. “Para mí, Hungría ya no tiene cabida en la UE", declaró el primer ministro neerlandés. El primer ministro de Luxemburgo señaló: “ser gay no es una elección, pero ser intolerante sí lo es. Si Orban piensa que por ver una película o por hablar en una clase sobre orientación sexual te haces gay, realmente no ha entendido nada”.

Hungría ya fue protagonista de otra cumbre admonitoria cuando, a finales del pasado año bloqueó junto con Polonia el presupuesto de la UE por vincular la entrega de parte de los fondos europeos al respeto del Estado de derecho. Así sucedió también ahora. Polonia se negó, de nuevo, a sumarse a la censura contra Hungría. También lo hizo Eslovenia, cuyo gobierno tiene afinidad con Orban.

¿Podría Hungría ser expulsada de la UE? Existe la posibilidad de sancionar a un Estado miembro con un arsenal de sanciones económicas y políticas por violar las reglas comunitarias, pero los tratados no contemplan ningún procedimiento de expulsión. Un Estado abandona la UE sólo si quiere, como fue el caso del Reino Unido, pero nadie puede echarle. El máximo castigo político es retirar a un país el voto en el Consejo Europeo, pero para ello se requiere unanimidad y esta idea no sería bien vista por los países del Este europeo. Europa enfrenta el reto de aprender a vivir con esta nueva división entre el Este y el Oeste, la cual tiene raíces históricas, sobre todo en las turbulencias acaecidas tras la desaparición de la URSS. Las naciones ex comunistas tienen mucho temor de volver a ser controladas por una potencia exterior , de ahí sus celos soberanistas.


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