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@onelortiz
https://youtu.be/Qpw90TUR6o0?si=IulRDJl-cVr5L9oS
En un mes, la frontera de México y Estados Unidos será la más vigilada del mundo. Del lado mexicano, además de los 10 mil guardias nacionales y las policías estatales y municipales de seis estados, el Ejército vigila los aires y las carreteras que llevan a la frontera; mientras que la Marina controla las costas y aguas nacionales. Del lado estadounidense, están el muro, el Ejército, la Guardia Nacional, la DEA, el FBI, las policías estatales; en el aire, drones y aviones espía; además de guardacostas en aguas estadounidenses y, por si hiciera falta, la Flota del Pacífico en aguas internacionales. En la frontera con Canadá ocurre más o menos lo mismo.
¿Cómo sabremos si esta vigilancia funciona? No tengo acceso a información privilegiada, pero el sentido común y la ley de la oferta y la demanda dirían lo siguiente.
Del lado mexicano, los indicadores principales serían, obviamente, la captura de narcotraficantes, la incautación de pastillas de fentanilo y sus precursores, la destrucción de laboratorios y el desmantelamiento de redes de apoyo financiero y de protección política. También, por la imposibilidad de pasar esta droga a U, se esperaría una mayor oferta de fentanilo en México o en alguna otra parte del mundo.
Del lado estadounidense, también se esperan detenciones, pero uno de los indicadores principales sería que el fentanilo escaseara en los principales centros de consumo y, por tanto, que su precio subiera; o bien, que la oferta y el consumo de otras drogas aumentará.
En una ocasión, un director de un penal me detallaba cómo las drogas ingresaban a las instalaciones. Le pregunté por qué no lo impedía. Me miró y me dijo que, si cortaba de tajo la entrada de drogas, el penal se convertiría en un infierno.
Lamentablemente, uno de los indicadores que demostrarían que ya no llega fentanilo a las calles de EU serían actos de desesperación, suicidios o muertes. Es en este aspecto donde las autoridades estadounidenses deben prestar especial atención. Bien haría Trump en tomar nota del reglamento de toxicomanías que el presidente Lázaro Cárdenas puso en práctica en 1940, el cual descriminalizaba el consumo de drogas.
Si en un tiempo razonable, de uno a tres meses, a pesar de todos los esfuerzos de los gobiernos de Canadá, Estados Unidos y México por sellar sus fronteras, la oferta de fentanilo en las calles, bares y plazas de Estados Unidos sigue igual, entonces la hipótesis de Donald Trump —de que el fentanilo que mata a más de cien mil estadounidenses al año llega desde México y Canadá— sería equivocada, y la nueva realidad señalaría que el mortal fentanilo se produce en territorio estadounidense.
Eso pienso yo. ¿Usted qué opina? La política es de bronce.