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Ghostbusters: Afterlife

Ghostbusters: Afterlife

Columnas jueves 25 de noviembre de 2021 -

Secuela y reinicio, esto es lo que es el último filme de Jason Reitman, que retomando el trabajo inacabado de su padre Ivan Reitman, funciona, queriendo o sin querer, como una especie de goma de borrar, de aquella Cazafantasmas del 2016, protagonizada enteramente por mujeres y que más que un filme dirigido a adolescentes, niños o la familia, quería ser un panfleto anti-masculinidad, tóxica o no, eso ya no importa. El cine panfletario nunca es buena idea.

Ivan reitman murió hace algunos años, y no logró darle la luz verde a la tercera película de la saga en mención, ya sea por el poco interés de los estudios, productores o parte del elenco por no decir Bill Murray, quien se había negado infinidad de veces a tocar el tema de una tercera parte o de la amistad rota con Reitman.

La historia es sencilla: Callie (Carrie Coon) una madre trabajadora que se tiene que hacer cargo de sus dos hijos Trevor (Finn Wolffhard) y Phoebe (Mckenna Grace) tiene que mudarse a una granja perteneciente al padre de Callie, debido a la infinidad de deudas que tiene; la granja abandonada es el chiste local del pueblo, ya que el padre de Callie había terminado por ser el loco del pueblo.

Los filmes de los años ochenta siguen vigentes debido a su frescura, a lo original de sus historias, y a la manera que funcionaron como un parteaguas respecto de los efectos especiales y las historias familiares que terminaron por ser el sinónimo de la infancia de varias generaciones. Series como Stranger things o películas como Ready Player One, It o Super ocho, cometen el error de llenarse de referencias para provocar nostalgia por una época y así empatizar, que al ser tantas terminan dejando a un lado lo importante de la historia.

Jason Reitman esta muy cerca de caer en ese convencionalismo, llenarse de referencias y de homenajes, que en manos de otros cineastas podrían haber sido vacías y huecas, afortunadamente no es así, el fanservice está, pero no es la base total del filme, que al ser una secuela directa tenia que llevar si o si, referencias para empatizar con el público más grande, pero sin ignorar al público joven.

Aunado a lo anterior, hay que rescatar lo ágil que es el ritmo; la historia avanza rápido y ninguno de los personajes resulta detestable, al contrario, cumple, eso si unos más que otros; los cameos son un punto que ataca directo a la nostalgia y a excepción de un par de ellos (hay que esperar al final de filme para toparse con uno muy especial) no son gratis y no se remiten solo a aparecer ante las pantallas durante unos segundos. El respeto con el que hace este homenaje, es evidente y se agradece.


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