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Columnas
(por Miguel Lara Salazar)
Se jugará por primera vez la modalidad denominada play in dentro del torneo de la Liga MX, el cual ha sido copiado directamente del formato de la NBA de Estados Unidos. A mí la verdad me parece un simple repechaje, sólo que con otro nombre; el chiste es dar oportunidad a más equipos de optar por avanzar hacia la liguilla, con la supuesta premisa de hacer más emocionante y atractivo el campeonato. Pero el sistema de competencia y sus taras es otro asunto del que no trataré en estas líneas, tal vez en otra ocasión. Lo que ahora deseo exponer es el proyecto de fusionar el futbol mexicano con el estadounidense de la MLS, lo que considero una necedad y un despropósito que terminará, en caso de continuar adelante, con toda posibilidad de obtener triunfos y títulos importantes para nuestro balompié.
Por más que en la MLS estén Messi y otras súper estrellas mundiales, esta liga jamás podrá compararse en calidad y trascendencia deportiva con las mejores ligas europeas y sudamericanas, dado que estos futbolistas llegan hasta ahí en la parte final de su carrera y por lo tanto no pueden ya dar el máximo rendimiento dentro de la cancha, con los años la magia se diluye. Lo mismo se aplica para las ligas de los países petroleros que abren la llave de los salarios multimillonarios y al final es sólo una cuestión de lana, mucha lana, que desde luego los futbolistas próximos a retirarse deben aprovechar, faltaba más.
Fusionar las Ligas MX y MLS es una idea que desde hace años varios directivos han tenido fija en la mente, pues es una oportunidad de negocios muy atractiva. Sin embargo, desde el punto de vista estrictamente deportivo significaría un retroceso. Se dice y se dice con razón, que si quieres crecer, debes enfrentar a los que son mejores que tú. La MLS nada tiene que aportarle al futmex en ese sentido, pese a los pésimos resultados de la copa interligas recientemente disputada, no cabe duda de ello.
Por eso, si se aspira a llegar a la elite del futbol mundial es necesario voltear hacia el sur (como ya lo habíamos hecho hace pocos años); la participación de México en Copa Libertadores es fundamental, lo mejor y más inteligente que se podría hacer. Hace poco, durante la visita que realizó a nuestro país con motivo de la investidura al Salón de la Fama en Pachuca, Alejandro Domínguez, presidente de la CONMEBOL, lo expresó claramente: las puertas de los torneos sudamericanos están abiertas para los equipos mexicanos, sólo es cuestión que la Liga MX se decida para negociar y concretar un acuerdo.
Hay que mirar hacia el sur y dejarse de ideas peregrinas, porque, además, al ver los números el asunto sureño también resulta bastante atractivo: desde que llegó al cargo en 2016, el señor Domínguez tuvo como uno de sus proyectos principales revitalizar económicamente su federación con un éxito notable; cada año los recursos que han ingresado a sus arcas y ha repartido entre sus miembros se han incrementado sensiblemente. Por ejemplo, en el torneo de la Copa Libertadores recién terminado (el cual fue ganado brillantemente por el Fluminense de Río de Janeiro) se repartieron premios por alrededor de 300 millones de dólares, de los cuales 18 millones fueron para el campeón y 7 millones para el subcampeón, además de premios para los equipos en cada etapa que lograban avanzar, por partidos ganados, etcétera. Son recursos bastante importantes y para muchos equipos son oxígeno puro que les ayuda a mejorar y planear su próxima temporada. ¿Acaso algún club mexicano diría que no a esos ingresos?
Pero, además, lo que me parece más importante: que, en caso de ganarlo, no hay ningún torneo a nivel internacional que le daría tanto prestigio y trascendencia a nuestros clubes como la Copa Libertadores, puesto que el nivel futbolístico es de lo mejor, sólo superado por el de la Champions League. En comparación la Concachampions es una paparruchada, “con todo respeto”, como diría aquel. Para terminar, recordemos que en su momento tres equipos mexicanos disputaron la final de la Libertadores: Cruz Azul (2001), Chivas (2010) y Tigres (2015) y si bien, ninguno de ellos se alzó con el título, era sólo cuestión de tiempo antes que algún representativo azteca lo hiciera. Pero el proceso fue cortado de tajo por cuestiones estrictamente comerciales y ahora estamos sin Copa Libertadores, con los dueños del balón (cada vez menos, afortunadamente) suspirando mientras miran hacia el norte que nada bueno tiene para nosotros en cuestiones de futbol.