La satisfacción se define como el sentimiento de bienestar que surge de sentir que se ha colmado un deseo o una necesidad. En términos generales, la satisfacción se alcanza a través de los placeres de los sentidos, o bien, también puede lograrse, a través del cumplimiento de ciertos fines o metas (la “satisfacción del deber cumplido”).
La satisfacción no necesariamente implica felicidad, pero puede llegarse a esta última a través de la primera.
Las sociedades hedonistas modernas se han olvidado de la búsqueda de la felicidad como fin último de toda acción del ser humano, y se han limitado a ofrecer solamente la satisfacción de ciertos placeres o necesidades.
La sociedad de consumo convierte a todo lo que nos rodea en algo consumible; incluyendo al medio ambiente, los seres vivos, las relaciones, las demás personas y cualquier otro objeto que sea útil para brindarnos satisfacción.
Por eso se busca uniformar los patrones de pensamiento, formas de conducta y, por supuesto, hábitos de consumo. Eso facilita la dinámica de las sociedades occidentales capitalistas del mundo moderno globalizado, que funciona como una aldea o mercado global.
La necesidad de alcanzar satisfacción mediante los placeres de los sentidos, en forma hedonista y egoísta, define las acciones y procesos de toma de decisión de las personas en el mundo moderno; sin embargo, como lo dice la canción de los Rolling Stones, por más que se intente, no hay manera de alcanzar a sentir total satisfacción (I can’t get no satisfaction).
En la medida en que busquemos alcanzar la felicidad, a través de otras formas distintas a la satisfacción de los placeres de los sentidos, sería medianamente posible mejorar nuestra calidad de vida.
Los placeres mundanos como la comida, la bebida, el juego, la televisión, las redes sociales, el sexo, las drogas y otros aspectos similares (que incluso son generadores de adicciones), siguen siempre la misma dinámica; nunca son suficientes. Nunca logran satisfacernos plenamente. Siempre se necesita más y más de cada cosa. Se requiere aún más en cantidad, y por eso generan insatisfacción, como “costo” del placer momentáneo que brindan.
Lo cierto es que absolutamente nada en el mundo puede colmar la incesante necesidad del ser humano, de sentirse satisfecho: de obtener satisfactores de sus necesidades, ya sean estas elementales o superfluas.
Hay que tener en cuenta que las cosas, personas y en general la realidad, no están allí para darnos satisfacción. Las cosas no fueron puestas para nuestro agrado, para cumplir nuestros caprichos. Podemos dejar de pensar en encontrar la utilidad en todo lo que nos rodea, y enfocarnos en el respeto al lugar y posición que tiene cada cosa en este mundo.
Flor de Loto: La naturaleza de las cosas en el mundo material es siempre impermanente y, por tanto, insatisfactoria.