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Columnas
Erika Solorio, activista de derechos humanos, asesora política, comunicóloga social
Mtra. Administración y Políticas Públicas con Enfoque en Gestión Política
La invisibilidad que padecen y enfrentan las personas que viven en las calles o que se encuentran en situación de calle es una violación a sus derechos humanos.
La falta de elaboración de políticas públicas eficaces para la prevención es recurrente, han dejado invisibles a menores de edad, jóvenes, adultos y adultos mayores, que por necesidad se ven obligados a vivir en las calles, pese a las vejaciones a las que puedan ser víctimas.
La gente en situación de calle que sobrevive en diversos lugares del mundo, son objeto de humillaciones por parte de muchas personas, que con sobrada indiferencia se han olvidado de que este sector de la población tiene derechos humanos.
Las noticias continúan reportando las cifras de las personas que viven en situación de indigencia; la problemática prevalece pese al llamado incesante de especialistas en la materia.
Fue en el año 2016 cuando la “Sra. Farha pidió que se lleve a cabo una campaña mundial para eliminar la indigencia de aquí a 2030, en el marco de la Agenda de Desarrollo Sostenible, que se ha comprometido a garantizar el acceso de todos a una vivienda adecuada”, (Ohchr).
La desigualdad sigue siendo inaceptablemente alta en todo el mundo. El año 2020 fue un punto de inflexión, cuando la desigualdad mundial aumentó por primera vez en décadas, ya que las personas más pobres soportaron los costos más altos de la pandemia, (Banco Mundial, 2023).
Trabajar por el bien común es una frase que podemos escuchar o leer en diversos momentos del día, se ha vuelto vacía, sin compromiso. Para lograr la inclusión de la gente en situación de calle, que sobrevive sin derechos humanos, es un trabajo de toda la sociedad.
Las condiciones precarias con las que subsisten no forman parte de los elementos para alcanzar el bien común. Trabajar por los derechos humanos es una responsabilidad de todas las personas.
Se puede observar desde menores de edad hasta personas de la tercera edad, caminando en las calles, durmiendo en las calles, trabajando en las avenidas, pidiendo dinero, para continuar sobreviviendo; es un reflejo de una descomposición que los afecta como seres humanos, que como tú y yo tienen derechos humanos, establecidos en las leyes.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico en su estudio: ¿Cómo va la vida en América Latina?, Medición del Bienestar para la Formulación de Políticas Públicas, destaca que es importante “reforzar el contrato social entre gobiernos y ciudadanos”, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas, con la colaboración de todas y todos.