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Independencia, también para las mujeres

Independencia, también para las mujeres

Columnas miércoles 10 de septiembre de 2025 -

Este 16 de septiembre, México vivirá un momento histórico. Por primera vez en más de dos siglos, será una mujer quien dará el Grito de Independencia desde Palacio Nacional. Este hecho simbólico nos interpela profundamente: si bien como nación conquistamos nuestra independencia en 1821, las mujeres seguimos esperando que las promesas de libertad, igualdad y justicia se cumplan en nuestras vidas.

La Independencia de México fue el proceso que rompió con el dominio colonial, iniciando con el llamado de Miguel Hidalgo en 1810 y consumándose en 1821 con la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México. Se trató de una lucha que, influenciada por las ideas de la Ilustración y la Revolución francesa, buscaba erradicar las condiciones de explotación y desigualdad que prevalecían en la Nueva España. Sin embargo, las mujeres, que también participaron en esa gesta —como Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario o Gertrudis Bocanegra—, quedaron invisibilizadas en la narrativa oficial y excluidas de los derechos que se suponía inauguraba la nueva nación.

Han pasado más de 200 años y, aunque las mujeres hemos conquistado derechos fundamentales, nuestra independencia sigue siendo tardía. El voto femenino, que llegó en 1953, marcó el inicio de un largo camino por abrirnos paso en la vida pública. Hoy, gracias a décadas de lucha de los movimientos feministas y de mujeres organizadas, tenemos reconocida la paridad constitucional y ocupamos cargos de decisión en los tres poderes del Estado. Sin embargo, la igualdad en el papel no siempre se traduce en igualdad real.

Las múltiples violencias persisten: en la casa, donde aún se nos relega a las tareas de cuidado sin reconocimiento ni remuneración; en la calle, donde enfrentamos el acoso y la inseguridad; en las escuelas, donde la discriminación limita los sueños de muchas niñas; y en los trabajos, donde las brechas salariales y la falta de condiciones dignas siguen marcando la experiencia de millones de mujeres. Según datos oficiales, en México siete de cada diez mujeres han experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida, todos los días diez mujeres no regresan a casa. Esa realidad nos recuerda que nuestra independencia sigue siendo incompleta.

Desde una perspectiva jurídica, este contraste entre lo que establece la Constitución y lo que vivimos en carne propia es el gran reto del Estado mexicano. El artículo 1º constitucional prohíbe toda forma de discriminación y obliga a las autoridades a garantizar los derechos humanos de todas las personas. La reforma de 2011 en materia de derechos humanos incorporó la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar esos derechos bajo el principio de progresividad. Ysin embargo, el sistema de justicia falla de manera sistemática en proteger a las mujeres: la impunidad en los feminicidios, la falta de acceso a la justicia para mujeres indígenas, afrodescendientes, con discapacidad o de la diversidad sexual, son evidencia de un Estado que todavía no escucha suficientemente a sus ciudadanas.

Por ello, el hecho de que una mujer dé por primera vez el Grito de Independencia no debe verse solo como un gesto simbólico. Representa la posibilidad de abrir un nuevo capítulo en la historia de nuestras libertades. Es un recordatorio de que la democracia no puede ser plena mientras persistan desigualdades estructurales y violencias normalizadas.

Las mujeres que trabajamos en el servicio público sabemos que tenemos la obligación de no callar frente a estas realidades. La única manera de erradicar tanta desigualdad sistémica es a través de la educación, la conciencia social y, sobre todo, el trabajo colectivo. El Estado debe escuchar a su pueblo, particularmente a quienes hemos sido históricamente marginadas. Y nosotras, desde nuestros espacios, debemos seguir construyendo la agenda de igualdad, justicia y dignidad que México necesita.

Que una mujer dé el Grito este año simboliza mucho más que un cambio en el protocolo. Simboliza la lucha por nuestras libertades, la posibilidad de una independencia que no deje a nadie atrás y el compromiso de hacer de México un país donde ser mujer no signifique vivir con miedo o con menos derechos.

La independencia política llegó en 1821; la independencia de las mujeres aún está en construcción. Pero cada paso que damos en la vida pública, cada conquista jurídica y política, nos acerca a ese horizonte de libertad plena. Que el grito de este año resuene como un llamado a no conformarnos hasta lograrlo.

Andrea Gutiérrez


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