Durante su intervención en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el canciller mexicano Juan Ramón de la Fuente propuso que el organismo internacional sea encabezado por una mujer, en consonancia con el contexto político actual de México, donde Claudia Sheinbaum Pardo se convirtió en la primera presidenta del país. “Es tiempo de mujeres, y nos ha ido muy bien”, afirmó ante representantes de todo el mundo.
El titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) destacó que la transformación social en México está profundamente ligada a la lucha por la equidad de género. Subrayó que actualmente existe paridad en los poderes Legislativo y Judicial, y que las políticas públicas se diseñan con perspectiva de género, conforme a lo establecido en la Constitución.
En su discurso, De la Fuente hizo un llamado global a acelerar el cumplimiento de los compromisos adquiridos en la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, a 30 años de su adopción. Denunció que persisten brechas de desigualdad y violencia machista que limitan los derechos de niñas, jóvenes y mujeres en todo el mundo.
Además, el canciller reafirmó el compromiso de México con los derechos humanos, la no discriminación y las libertades fundamentales, condenando expresamente el racismo, el clasismo y la discriminación por orientación sexual o identidad de género.
En el plano internacional, De la Fuente instó a detener los conflictos armados en Gaza, Ucrania y otras regiones, insistiendo en que la única vía legítima para resolverlos es la diplomacia. Rechazó las sanciones unilaterales y los bloqueos comerciales, como el impuesto por Estados Unidos a Cuba, y subrayó que respetar el derecho internacional es esencial para preservar la paz.
También alzó la voz por los mexicanos en el extranjero y los migrantes, exhortando a la comunidad internacional a frenar la carrera armamentista, tanto en armas nucleares como en el tráfico ilícito de armas de fuego, que perpetúan la pobreza y agravan los conflictos.
Finalmente, De la Fuente llamó a la ONU a retomar sus principios fundacionales: la promoción de la paz, el desarrollo sostenible y la defensa de los derechos humanos, como ejes centrales de su actuación en el mundo actual.