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Kiki: la crisis que puede ser nuestra oportunidad

Kiki: la crisis que puede ser nuestra oportunidad

Columnas viernes 19 de marzo de 2021 - 01:14

Por Iveth Serna

En América Latina nos encontramos peor que durante la crisis financiera global de 2008. Hemos alcanzado los mismos niveles de pobreza que los que tuvimos aquel año catastrófico; 209 millones de personas, pero ahora tenemos 28 millones de latinoamericanos más engrosando la franja de la pobreza extrema; 78 millones de seres humanos que no tienen qué comer, que vestir, ni dónde vivir, niveles muy superiores a los de 1990, cuando las cifras alcanzaban los 212 millones de latinos pobres y 64 millones de pobres extremos.

De acuerdo con estos datos de la Cepal, no solo hemos retrocedido una década, necesitaremos otra más para tener los niveles de 2019, 20 años de retroceso en una región de por sí azotada por el narcotráfico, la violencia política y el enardecimiento social y que en 2020 tuvo que sufrir los embates de una pandemia inédita.

La verdad es que en 20 años no estaremos mejor y todos lo sabemos, por ello, este momento de crisis debemos tomarlo como nuestra oportunidad, como un parteaguas para que los gobiernos cambien los enfoques con los que se mide el grado de riqueza y se ponga más atención al verdadero bienestar de la población.

Los gobiernos deben comprender que la carrera que deben emprender no es la de elevar los niveles del Producto Interno Bruto (PIB) o del Producto Nacional Bruto (PNB), lograr los niveles de 2019 no significa nada y no sirve de nada sin reparto equitativo de la riqueza, sin cobertura universal de educación, salud y alimentación, incluso, pensar en la renta básica universal.

Esta es la crisis que la América Latina necesita para darse la oportunidad de entender que las cosas pueden ser distintas, que el verdadero bienestar es una cosa diferente a lo que repiten en sus planes de desarrollo y que lo importante no son los niveles de riqueza, sino la forma en la que se distribuye. La oportunidad es cambiar la visión economicista que nos tiene en esta crisis.

Esta es nuestra oportunidad, depende de nuestros líderes, los actuales y los que aspiran a serlo, ellos deben ser lo suficientemente honestos para darse cuenta de que el enfoque debe cambiar, aunque los organismos internacionales digan lo contrario, lo suficientemente valientes para enfrentarse a ellos y leales para velar por los intereses de su gente y no los de sus multimillonarios.

También, es la oportunidad para que los ciudadanos nos hagamos responsables de nuestro voto, de nuestras elecciones y acciones políticas, para que comencemos a pensar más en comunidad y exigir a nuestros líderes resultados a la altura de nuestras necesidades; la crisis también es nuestra corresponsabilidad.

Ya perdimos 20 años y millones de vidas ¿Qué más podemos perder?

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/CR

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