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Columnas
La primera señal se dio cuando la senadora, -ahora independiente-, Cinthia López Castro, se tomó una “selfie” junto a la entonces secretaria de Gobernación, Luisa María Alcalde, justificando que la expriísta había trabajado con la líder morenista.
La segunda señal, vino cuando el día de la toma de posesión de la presidenta Claudia Sheinbaum, López Castro hizo todo para sacarse la “selfie” junto a la jefa del Ejecutivo. Entonces, por las redes sociales de nueva cuenta justificó: “Soy priista y siempre he sido legisladora de oposición y eso no me impide emocionarme al ver llegar a la primera mujer Presidenta de mi país”.
A eso se le llama ser doble cara, ya que no se puede negar que lo que hacía Cinthia López era “coquetear” con Morena; hacer una soterrada búsqueda del oficialismo para ver qué le podían ofrecer, mientras que en su discurso, medio cuestionaba a a Morena y sus rémoras.
Pero vino el momento en el que la expriísta no pudo más sostener su doble discurso mediante el cual se ha ganado el mote de “la nueva Yunes” y el día que se discutió la controvertida iniciativa de la “supremacía Constitucional”, inventó el pretexto más tonto para justificar el no haber votado: que se le había bajado la presión, sin embargo, en los videos de la referida sesión, consta que la legisladora que está a la venta del mejor postor, pidió línea al partido guinda e incluso ya le pagó el oficialismo sus “buenos oficios, conservándole la presidencia de la Comisión de Defensa del Consumidor, misma que le correspondía al PRI y no a una senadora independiente. Con esta “chicana” de Morena, la fracción del Revolucionario Institucional perdió una de las siete Comisiones que presidía.
Sin dejar de reconocer que el sufragio de a la que también llaman ya la senadora espuria, no influía en dicha votación, ya había negociado con el coordinador de la bancada de Morena en la Cámara Alta, Adán Augusto López Hernández, a quien por cierto, ya se le está haciendo costumbre comprar, -al precio que sea-, a legisladores de la oposición, en una jugada que tiene la intención de debilitar a los opositores.
López Castro argumentó que ella había renunciado a su militancia priísta de 21 años, adelantándose, porque ya sabía que la iban a expulsar y entonces echó mano de un discurso más que oportunista con sus toques demagógicos por supuesto, diciendo que su ahora expartido ya no era lo que fue y dijo algo que tampoco la justifica. Palabras más, palabras menos, señaló que cuando se ve a dos mujeres políticas dialogando, “una se está vendiendo” y cuando se trata de dos hombres, “entonces están negociando”.
Lo cierto es que López Castro ya está más que puesta para que en el momento que le digan plegarse a Morena y sus rémoras, a lo que le den.