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Columnas
La inteligencia artificial (IA) tan en boga en el mundo, se ha levantado como un robot gigante que amenaza al gobierno de los Estados Unidos en muy diversos sectores, o por lo menos es lo que en los hechos muestra la administración de Joe Biden.
A principios de semana, el mandatario firmó una “orden ejecutiva” para reforzar los lineamientos de protección en contra de las intromisiones, acciones y alcances de esta nueva ventana tecnológica.
La terca y necia realidad, como siempre va adelante y utilizando el marco de Seguridad Nacional, la Casa Blanca crea un marco regulatorio básico con acciones desde distintas áreas del gobierno con el objetivo central de que no afecten áreas como la utilización de los datos personales, fraudes, incluso la seguridad de los estadounidenses.
Realmente lo que estamos viendo con la implementación de esta orden ejecutiva, es del tamaño del miedo que desde el gobierno perciben y, no es para menos ya que lo que le atribuyen a la inteligencia artificial pasa por la automatización de tareas predictibles para la toma de decisiones, la realidad virtual, la conexión entre maquinas fijas y automóviles y la realidad aumentada.
La orden ejecutiva impone requisitos de información a las compañías que desarrollan tecnología de IA de gran alcance, como la que está detrás de ChatGPT de OpenAI. Biden utilizará la Ley de Producción de Defensa o DPA (por sus siglas en inglés), una ley que obligaría a las empresas a tomar medidas en interés de la seguridad nacional, para exigir a los fabricantes de grandes modelos de IA que comuniquen al gobierno información clave, como el momento en que entrenan un nuevo modelo y las protecciones de ciberseguridad de que disponen.
Ello incluirá la divulgación de los resultados de los llamados ejercicios de equipo rojodestinados a revelar vulnerabilidades en los modelos de IA, como los que permiten eludir los controles que impiden casos de uso malintencionado, como la generación de programas maliciosos o malware. El objetivo es vigilar las amenazas potenciales que la tecnología de IA plantee a la seguridad nacional, a la salud pública y a la economía de Estados Unidos.
Otra parte de la orden exige a las compañías que adquieran, desarrollen o posean clusters informáticos a gran escala, esenciales para entrenar los sistemas de IA más potentes, que reporten su actividad al gobierno federal. Esta norma pretende ayudar al gobierno a comprender qué entidades, incluidas las de las naciones que compiten con Estados Unidos, cuentan con capacidades avanzadas de dicha tecnología.
Qué viene dentro de la ventana tecnológica tan temida, nadie sabe, un mundo nuevo estamos descubriendo y sí, ciertamente tenemos que pensar en la regulación de las nuevas rutas al futuro, en un tránsito seguro.
@arnc7