NO HAY duda que cuando una nación tiene su moneda fuerte, de forma inmediata se puede presumir estabilidad económica, buena conducción en las finanzas públicas y también se puede suponer que existe una mejoría en el poder adquisitivo de la población.
Es indiscutible la fortaleza mostrada ayer por el peso mexicano frente al dólar estadounidense, nuestra moneda ancla, al alcanzar una paridad de 16.8870 unidades en la jornada intradía y que fue un nuevo récord desde 2015 y desde el pasado 5 de julio cuando el tipo de cambio llegó a 16.99.
El superpeso da margen al gobierno para emitir más papel denominado en pesos, provoca un mejor margen de maniobra para pagar deuda en dólares o refinanciar vencimientos en esa moneda con mejores condiciones tanto en plazo como en intereses. En todos los casos, siempre es mejor este escenario que el de una devaluación.
Sin embargo, la fortaleza del peso también tiene un impacto negativo en las remesas, las exportaciones e importaciones, el turismo y la factura petrolera.
En casi todos los escenarios señalados, la merma es para el gobierno y para el bolsillo de quien recibe los dólares, moneda por la cual le darán menos pesos.
Así, las familias de los migrantes al recibir los dólares que les envían recibirán menos pesos al canjearlos en cualquier banco o centro cambiario. Se estima que esas familias -alrededor de 5 millones o 12 millones de mexicanos- han perdido alrededor del 20% de sus ingresos en lo que va del año.
En el caso de los exportadores está claro que quienes venden un producto terminado a EU recibirán también menos pesos. Si hablamos de las importaciones, el golpe viene por el lado de la competitividad.
Para quienes hacen negocios en el sector externo, siempre será preferible, con un dólar más barato, importar productos terminados en EU o Canadá y venderlos en México, pero se pierde competitividad para quienes producen en el país y no pueden volver sus ojos a las importaciones. El caso más concreto es el del sector agropecuario, que no dejarían sus siembras o cosechas para volcarse a la compra de productos en el exterior.
El sector turístico, también es un caso ejemplificador, porque con un peso apreciado la derrama económica del turismo internacional, al ser medida en moneda nacional, se reduce drásticamente.
Los datos más recientes nos señalan que desde la segunda mitad de 2022, la paridad peso-dólar pasó de más de 20 pesos hasta el récord situado por debajo de las 17 unidades. Para el sector Turismo, esta evolución representa un encarecimiento en sus productos y una pérdida de competitividad internacional.
Hasta este momento, por la apreciación del tipo de cambio, los ingresos del sector turismo en moneda nacional se han reducido desde marzo pasado, y las últimas cifras dan cuenta de una baja en los ingresos en pesos que pasó de 54 mil millones de pesos en enero a 43 mil 500 millones de pesos en abril y en la primera mitad de julio se ubicaría en menos de 40 mil millones si tomamos como base un desplome promedio de 20% en tales ingresos.
Con el superpeso, el gobierno de López Obrador cortó la racha de 10 años de remanentes o utilidades generadas por el Banco de México y su manejo de reservas, la mayoría de ellas denominadas en dólares, y que eran del orden de los 2 mil millones de dólares por año.
De ese modo, quedan divididas las opiniones sobre las ventajas y las desventajas de la paridad peso-dólar.
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Periodista (*)
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