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La UNAM y los movimientos estudiantiles

La UNAM y los movimientos estudiantiles

Columnas martes 11 de febrero de 2020 - 01:08

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) acogió en el periodo 2018-2019 a 356 mil 530 estudiantes. Representa uno de los centros de investigación de mayor relevancia en México y en el mundo. Sin embargo, quizá uno de sus rasgos más distintivos es que funge como una de las voces críticas de mayor trascendencia en el país. De aquí la memoria colectiva de las diversas movilizaciones estudiantiles que se han gestado en sus espacios en el marco de un conocimiento crítico que transforma realidades.
No debemos desconocer los logros alcanzados después de grandes movimientos universitarios como: el de 1929 con motivo de un conflicto estudiantil surgido en la Escuela de Jurisprudencia que concluyó con el decreto de la autonomía universitaria, o la movilización de estudiantes de la propia Facultad de Derecho en 1966 demandando la renuncia del entonces rector Ignacio Chávez por una reforma al reglamento interno de exámenes; y por supuesto el histórico, y aún vivo, movimiento de 1968 que representó un movimiento de transformación política y formó parte de la construcción de la ciudadanía democrática en nuestro país.
Los movimientos estudiantiles son multifacéticos, son un ejercicio contundente de autoafirmación que permite construir la identidad propia y la colectiva, que fomentan la lucha por la libertad, la justicia y la democracia.
En ese tenor, es incuestionable el papel crucial de las y los estudiantes como un grupo líder en los movimientos en sus llamados a favor de las demandas sociales. No obstante, el eco de las voces estudiantiles en la ola del activismo social a lo largo de su historia ha sufrido la brutalidad de los denominados “grupos de choque”, mismos que representan un contrapeso al movimiento estudiantil popular con el objeto de vulnerar la identidad de la causa a través de la agresión física y verbal que termina por desviar la fuerza del propio movimiento.
Recientemente hemos sido testigos de grupos ajenos a la Universidad que han cerrado diversos planteles, desvirtuando la atención de un movimiento legítimo que refleja el hartazgo de la violencia de género. Raúl Contreras Bustamante, director de la Facultad de Derecho, impidió con el apoyo de su comunidad el cierre de sus instalaciones e invitó a generar propuestas y soluciones por medio del diálogo.
Aunque la comunidad Universitaria es fuerte, no es ajena al contexto nacional, pues es un reflejo de la inseguridad y violencia que afecta a la sociedad mexicana en su conjunto. En ese sentido, es indispensable la construcción de componentes que permitan restructurar una política institucional no sólo con perspectiva de género, sino con justicia y equidad que construya una institución universitaria que haga efectivo el derecho a las y los estudiantes de vivir una educación libre de violencia, un espacio en el que cada ser humano reciba un trato digno y respetuoso.
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