La noticia trascendió: tanto el gobierno mexicano como la clase política de nuestro país, sobre todo la expresión lopezobradorista manifestó su inconformidad por el resolutivo que emitió el Parlamento Europeo a raíz de lo que ellos perciben o, quizá, por la inercia de la guerra propagandística de la derecha en el ánimo de descalificar la gobernabilidad del presidente López Obrador.
La cuestión es que, el pronunciamiento, fue un duro golpe para nuestro país, sobre todo en percepción de imagen; sin embargo, lo más grave de todo, fue pretender capitalizar un efecto negativo con una clara intromisión a la soberanía de nuestra nación. Fue fácil para ellos, aunque muy difícil tener que lidiar con el estigma de una incorrecta y hasta violatoria postura de la diplomacia.
A raíz de ello, se han emitido un sinfín de posturas y posicionamiento desde distintos ángulos. Hay quienes defienden o señalan la postura, no obstante, lo cierto es que existe una mala intención que no solamente daña la imagen del gobierno, sino la de millones de mexicanos que desaprobamos este tipo de acciones del Parlamento Europeo porque la funciones pasan por encima de la soberanía y la democracia de nuestro territorio.
Por eso, caer en esas prácticas muestra claramente el tipo de importancia sobre todo cuando un gobierno es altamente respaldado por la población civil. Si tomamos en cuenta la naturaleza de la narrativa explícita de un resolutivo entendemos perfectamente la reacción del gobierno, pero también de la clase política y de aquellos actores que, por años, han defendido los intereses de la nación con conciencia y determinación, al igual que con convicción.
Por ello, me parece trascendental la reacción que tuvo el Senador Ricardo Monreal en este asunto. No solo se sintió inconforme e intranquilo con el resolutivo del Parlamento Europeo, sino que propone diálogo para solucionar un tema considerando la diplomacia que constantemente está abierta el en seno de la Cámara Alta. Asimismo, propuso un intercambio de posturas y puntos de vista que siempre serán, en el papel, claves para fortalecer la agenda de trabajo, máxime por la flexibilidad y apertura que tienen los legisladores para construir acuerdos.
Así pues, aplaudimos la iniciativa de diálogo que propuso Ricardo Monreal al enviar una misiva a la Presidente del Parlamento Europeo para discutir y debatir cualquier tema de interés considerando que, nuestra democracia, debe estar por encima de cualquier postura mientras no lastime la soberanía al tratar de influir con la asamblea de diputados de aquel continente al utilizarse como un mecanismo para desestabilizar o golpear mediáticamente la gobernabilidad.
Con ello, el reto que abrazó Ricardo Monreal en éste tópico es, a todos luces, una señal de que nuestro país está abierto siempre al diálogo, sobre todo en uno de los pilares de estabilidad del proyecto del presidente en el Senado de la República que continuamente ha impulsado mecanismos para buscar al alternativas de solución en materia legislativa.
De esta manera, buen acierto del zacatecano que, de concretarse, abriría la ventana para solucionar cualquier diferencia, sobre todo con una capacidad probada y comprobada en la eficiencia para abordar este tipo de temas en la imagen del presidente de la Junta de Coordinación Política, Ricardo Monreal.
Justamente eso puede marcar la gran diferencia al ser muy efectiva la forma de conducir este tipo de situaciones de parte de Monreal. El ejemplo más claro de ello es el número de proyectos constitucionales que han desfilado por el legislativo federal y, todos ellos, aprobados en mayoría y sin contratiempos debido a la habilidad y poder político que tiene Ricardo Monreal.
Finalmente estamos en presencia de un momento clave.
Ricardo Monreal puso el ejemplo sobre la mesa para dialogar con el Parlamento Europeo; seguramente la respuesta será positiva y, dentro de muy pronto, se resolverán si es que existen las diferencias a buen puerto.