¿Quién se queda a cuidar a la infancia, a las personas adultas mayores o a un pariente enfermo? En la Ciudad de México, esa pregunta acaba de dejar de ser un asunto exclusivamente doméstico y femenino para convertirse en política pública. El pasado 3 de septiembre, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, instaló la Junta del Sistema de Cuidados de la Ciudad de México, el órgano que a partir de ahora deberá coordinar y evaluar la política de cuidados derivada de la Ley del Sistema de Cuidados, aprobada por unanimidad por el Congreso capitalino el pasado 26 de mayo. El sistema busca desfeminizar, desfamiliarizar y desmercantilizar el cuidado para garantizarlo como un derecho.
Desde la política laboral, el evento dejó dos ejes de trabajo delineados. El primero es avanzar hacia la remuneración del trabajo de cuidados, como la “cuarta R” dentro del esquema de las cinco erres de la economía del cuidado (reconocer, reducir, redistribuir, remunerar y representar). Si bien el mencionado programa “Ciudad que Cuida a quien Cuida” opera, en los hechos, como un apoyo económico para las personas que cuidan de otras por motivos de dependencia, de trasfondo representa una invitación a dejar de ver el cuidado como un favor invisible y empezar a nombrarlo como lo que es, un trabajo con valor. Ese giro es muy oportuno frente a la crisis de cuidados que distintas organizaciones ya han advertido a futuro, y sienta una primera base desde la cual pensar la profesionalización del cuidado como parte del mercado laboral formal. Esa es, justamente, la tarea que ha asumido la Secretaría de Trabajo y Fomento al Empleo.
En el evento se mencionó también el diseño de una política pública de tiempo libre para las mujeres, quienes dedican más horas semanales a tareas de cuidado que los hombres. Esta política busca facilitar el acceso a servicios públicos como comedores, lavanderías comunitarias y estancias infantiles, y contempla, además, medir y evaluar la liberación efectiva de tiempo. Aquí habría que considerar que no se trata solo de liberar a las mujeres que enfrentan la doble carga de trabajar y cuidar para que tengan tiempo libre, sino también de abrirles la oportunidad de acceder a un empleo que hoy no pueden tomar, o de ampliar las horas disponibles para trabajar cuando ya lo hacen. Es necesario que la política de liberación de tiempo en materia de cuidados valore también su incidencia sobre la inserción laboral.
En la Ciudad de México, de acuerdo con datos de la ENOE al segundo trimestre 2026, existe una brecha de 18.8 puntos porcentuales en la tasa de participación económica entre hombres y mujeres: mientras 73.02% de los hombres forma parte de la población económicamente activa, esa proporción es de apenas 54.23% entre las mujeres. Dentro de la población que permanece fuera del mercado laboral, el cuidado pesa de forma desigual en las mujeres, ya que de cada cuatro personas que quieren trabajar, pero no pueden por cuidar a alguien más, tres son mujeres. El Sistema de Cuidados tiene el potencial de remover las barreras que hoy mantiene a tantas mujeres fuera del mercado laboral formal, además de contribuir a su permanencia y ascenso profesional, por lo que la política de cuidados es fundamental para concretar la igualdad sustantiva como parte del trabajo formal y digno.