“Ningún plan militar sobrevive al contacto con el enemigo”, la famoso sentencia del Mariscal prusiano von Moltke se confirma hoy en la guerra de Ucrania. Tras la primera semana de combates las cosas han no han transcurrido como Putin lo esperaba. Los ucranianos presentan una valiente resistencia y el liderazgo del presidente Zelensky ha sido eficaz e inspirador. Desde luego, Rusia no ha perdido aun la guerra en el sentido tradicional.
Todavía puede hacer uso extremo de su poderoso ejército, pero ello implicará un elevadísimo costo en sangre y destrucción, en dimensiones no vistas en Europa desde la Segunda Guerra Mundial y con eso, en un sentido más amplio, Putin saldrá derrotado. Será considerado un paria internacional y presidiría a una sociedad estrangulada por las sanciones internacionales y abatida bajo su régimen represivo.
El sátrapa ruso subestimó a los ucranianos. Para él, Ucrania no es en realidad una nación, su gobierno era repudiado por la gente y creía a los ucranianos rusoparlantes tan nostálgicos del apogeo soviético como lo es él. Se imaginaba a las fuerzas rusas aclamadas como libertadoras. Putin vive en un mundo del pasado y cuando se vive en el pasado se pierde el contacto con la realidad presente.
Además, sacó conclusiones erróneas de lo sucedido en Afganistán, donde la capitulación de Estados Unidos, la impotencia de Europa y la rápida caída de Kabul hicieron pensar al presidente ruso un eventual desenlace parecido en Ucrania. Putin podría declarar terminada su invasión después de unos días, con bajas limitadas, algunas sanciones dolorosas pero no devastadoras y luego volvería a los negocios como de costumbre.
Pero Ucrania resiste y evitó el intento ruso de “guerra relámpago”. Putin también subestimó a Zelensky, un presidente impopular e ineficaz pero quien se ha comportado como un león ante la invasión. Ahora la perspectiva para el Kremlin es convertirse en una fuerza de ocupación en un país hostil de 44 millones de habitantes. Como dijo Salustio, iniciar una guerra es fácil, pero terminarla es extremadamente difícil. Los ucranianos no tienen ninguna nostalgia soviética y saben como es el modelo putiniano de gobierno, basado en la opresión, el asesinato y el gangsterismo. Y hay más, Putin también subestimó la amplitud de la oposición interna a su aventurerismo militar. No solo se enfrenta a manifestantes metropolitanos.
Las sanciones es económicas harán perder a los oligarcas miles de millones de dólares y si las cosas se siguen complicando puede surgir oposición dentro de los altos mandos militares.
Como dice Harari, en la guerra de Ucrania determinará el futuro del mundo entero. Si permitimos que la tiranía y la agresión se impongan todos sufriremos las consecuencias. No es posible permanecer como simples espectadores. Es tiempo de levantarse y alzar nuestra voz.