El mundo entero registra un crecimiento mediocre, eso incluye a China, una economía que apenas a inicio del presente siglo era la envidia del planeta con tasas de incremento en el PIB de hasta doble dígito; ningún país crecía de esa manera desde el primer lustro de la posguerra.
Hoy vemos con desdén este problema del país y del mundo, pero con toda seguridad nos pasará factura, y lo que es peor, quienes lo pagarán serán nuestros hijos, nietos y demás descendientes, en realidad lo que estamos haciendo es condenar a las siguientes generaciones a vivir con estrecheces y problemas que se supone ya habíamos superado, por ejemplo el riesgo de un desempleo galopante, que se combinará o será impulsado por factores como la irrefrenable Inteligencia Artificial (IA).
El débil crecimiento económico tiene explicaciones, desde luego una de ellas es el reacomodo global, las tensiones geopolíticas que han impactado en todos los ámbitos, el de la economía no podría ser la excepción; el fin de una parte de la globalización (porque será imposible que desaparezca por completo), así como las ambiciones geopolíticas, explica en gran medida lo que sucede en materia de crecimiento económico.
Pero sin duda, el ser humano es el propio verdugo del ser humano, es algo que ha sucedido desde que existimos sobre la faz de la tierra y en esta ocasión no es la excepción. El fin del neoliberalismo con una ola "progresista" (habría que debatir si de verdad eran progresistas y cuánto lo eran), sacudió al mundo en la década más reciente, con líderes que, como siempre, aseguraban tener la solución para el planeta entero, decían que llevarían a la humanidad al paraíso eterno.
Los resultados están a la vista, (Rusia, casi toda Europa, China, incluso Japón, toda Latinoamérica con orangutanes que abrevan de lo peor de los dictadores del mundo como los de Venezuela, Cuba y Nicaragua, hasta mediocres como los que han pasado por países como Chile, Colombia, Perú, y muchos más países, sin olvidar a quienes se dicen "enviados del señor", como los de Estados Unidos, México, Argentina o El Salvador).
Al final, los políticos definen y determinan el crecimiento de una economía local, regional o el mundo entero, y si lo dudan vean lo que sucede con el PIB mundial, Lo peor no es ni siquiera lo que ha sucedido, sino lo que falta por suceder, eso que nadie lo sabe pero que quizás no es difícil de predecir.
Mientras el mundo siga sujeto a los vaivenes geopolíticos y en manos de "iluminados" como los que han gobernado no hace mucho a varias naciones y que lo hacen incluso en la actualidad, la economía no tiene mucho futuro, al menos no podrá crecer de la manera en la que lo hizo en otras épocas.
Estos lidercillos, "iluminados del señor", llamados según ellos a llevar a la humanidad al paraíso prometido, transformadores y "diferentes", no son otra cosa más que la versión del siglo 21, de la primera mitad de este siglo, de muchos otros que han pasado en la historia de la humanidad, sin aportar nada más que inestabilidad e incertidumbre política.
Quizás por eso ya se están viendo los primeros síntomas del hartazgo de la generación T (Todos), que en algún momento ´podría despertar y mandar a su casa a estos "iluminados" que no han hecho otra cosa más que condenar a la economía mundial a su era de más bajo crecimiento en un siglo, desde la Gran Depresión de 1929.