El estado es el único capaz de utilizar la fuerza en caso necesario, en cualquier país es una ley escrita y una de las facultades que distinguen a la autoridad, para eso es un estado y para eso es autoridad.
En los países democráticos el receptor de la voluntad popular es el jefe de estado, presidente, presidenta, o cualquier figura que represente lo que decidió la mayoría.
El poder del estado es justamente para eso, para poder, para poder hacer lo que no pueden o no deben hacer otros, como utilizar la fuerza para mantener la paz y/o la estabilidad en la sociedad.
Por eso, cuando un jefe de estado abdica cumplir con su obligación esencial, fundamental y obligatoria, en el sentido de utilizar la fuerza y el poder del estado para lograr la paz, la estabilidad y/o las garantías de estabilidad para su país y su sociedad, ese representante popular es un traidor y un cómplice de los delincuentes, o de quienes sabotean la paz.
México es un claro ejemplo de lo que es un estado fracasado, porque en materia de seguridad algo que nunca nadie, ningún político en el poder lo hará, es aceptar que México es un estado fracasado.
No es reciente, sucede desde hace mucho, cierto, pero alcanzó su máxima expresión el sexenio pasado, el sexenio del horror, el sexenio de los 200,000 muertos solo en hechos delictivos.
El entonces titular del ejecutivo, que ya ni siquiera vale la pena mencionar aunque él mismo y sus querientes (lamentablemente eso incluye a la jefa de estado actual), se diga que ha sido el mejor presidente de la historia, en realidad fue un traidor de la sociedad mexicana y de ese pueblo bueno y sabio pero profundamente mediocre e ignorante, que lo bañó de votos, todo para que él lo bañara de sangre.
No es el deseo de quien esto escribe convertirse en el sabelotodo, menos en temas de seguridad donde poca o nula experiencia tiene.
Sin embargo, hay cosas que parecen de sentido común, de lógica elemental hoy y siempre.
El estado tiene poder, y el poder es para poder, pero también tiene o debe tener límites. Esta combinación bien utilizada es lo que hace la diferencia entre los diversos estados y/o países en el mundo.
Así, no queda más que una pregunta en este asunto de la inseguridad que vive hoy nuestro país y que es altamente palpable, a pesar de que cacarean un "impresionanti" descenso de hasta 46% en los homicidios dolosos.
¿Qué sería de México si el estado hubiera decidido hace mucho combatir frontalmente a la delincuencia y al crimen organizado con dos variables que solamente un estado puede utilizar al mismo tiempo: en una mano la ley, en la otra mano un fusil".
Ojalá algún día el estado mexicano tome su papel, y esperemos que para entonces todavía sea tiempo.