“La mayor habilidad de un político consiste en saber quién odia a quién y ponerse al servicio de esos odios” El Hombre, Guillermo Arriaga, 2025.
Desde que el homo sapiens sapiens lo es, ha usado la política como una herramienta de distribución del poder público. Arístoteles, en la segunda mitad del siglo IV, yacaracterizaba al ser humano como un zoon politikon (animal político).
Desde que la política se practica ha resultado útil dividir el espectro entre un ellos y un nosotros, una izquierda y una derecha, unos liberales y unos conservadores.
No es novedad que lo más fácil y a veces también, más práctico, para quienes buscan y detentan el poder, es etiquetar a sus visiones, a sus seguidores y a sus aliados en esosextremos, lo que puede parecer inofensivo si se considera a la política solamente como una máquina de distribuir poder y no una herramienta de servicio.
Pero es al detentar el poder público, desde cualquiera de las 3 funciones (ejecutivo, legislativo y judicial), que la adscripción de un grupo a un extremo, que se despliegan las más absurdas y perjudiciales acciones, ya que en el mundo real las soluciones más racionales a cualquier problema se encuentran sintetizadas en el centro, una vez procesada la tesis contra su antítesis. Las decisiones menos razonables en torno a la cosa pública están siempre ancladas en la necedad ideológica de los extremos.
El reto de construir un centro político eficaz electoralmente no es menor ya que si analizamos el mapa político de todo el planeta encontraremos de manera casi invariable que, cada vez más, las elecciones se ganan identificándose con un extremo y que se cuentan con los dedos de las manos los gobiernos abiertamente centristas. Ya desde la Convención Nacional posterior a la Revolución Francesa los Girondinos sentados a la derecha y los Jacobinos sentados a la izquierda, acaparaban el escenario en perjuicio de una reducida presencia de La Plaine (llanura) sentados al centro y cuyo voto minoritario fue paradógicamente decisivo en momentos clave como el juicio de Luis XVI.
Que el reto no sea menor no debe de ser excusa para no intentar construir para México y para el mundo una alternativa racional que no se cimiente en las filias y las fobias sino desde la evidencia científica de lo que es mejor para los individuos, los países y la viabilidad del planeta como hábitat de nuestra especie.
Ahí, una vez más, es donde Movimiento Ciudadano se erige como un espacio excepcional para conseguir la meta de que la política no esté al servicio de los odios sino de la especie humana desde un centro racional.