Columnas
Es tiempo de definiciones, la historia exige centrar la atención sobre proyectos concretos y no dar de palos de ciego en medio de la confusión. En México el número de indecisos disminuye por esta razón.
Quienes quedan en ese grupo están más cercanos al abstencionismo. El silencio también debe interpretarse, porque la pluralidad de un país multicultural como México exige de múltiples expresiones para que los ciudadanos puedan elegir entre más opciones. Actualmente hay siete partidos pero sólo tres candidatos a la Presidencia.
Hace falta, en primer lugar, deshacerse de los que actualmente carecen de fuerza social y de militancia y contar con otros que tengan apoyo social sólido y alternativas ideológicas para nutrir la pluralidad y la democracia.
Mientras esto sucede es necesario que los funcionarios públicos y candidatos se definan y contribuyan a dar la batalla contra los medios que tanto mintieron y lo siguen haciendo, respecto a la difusión que le dan a sus ideas, aclaraciones, precisiones y propuestas.
Es tiempo de dejar de sentir lástima por aquellos medios que pertenecen al pasado, que nunca tuvieron piedad de la 4T. Hay actualmente una acción social de descrédito hacia esos medios. Encabezada por la población, a la cual se le fortalece cada vez que alguien aparece en sus pantallas obligando a los ciudadanos a dar pasos atrás en esta lucha por la verdad.
Los medios convencionales que tanto rumor sembraron en la víspera y durante la campaña de Andrés Manuel López Obrador y que todo el sexenio han cuestionado con más mentiras que verdades las decisiones y acciones de gobierno, fueron vencidos por la población, en las urnas, desde el momento en que ganó las elecciones quien ellos consideraron un peligro en sus informaciones cotidianas.
Debemos entender que una aclaración de sus rumores ni aumenta ni disminuye el rating, tampoco hace cambiar de opinión a quienes los escuchan, porque se trata de un público casado con ideas viejas y, en el mejor de los casos, desinformado, incluso fanatizado por el odio.
Así, acudir a aclarar en medios cuya decadencia se muestra todos los días, pareciera darles respiración artificial en medio de su agonía. Los medios convencionales dejaron de ser reales para convertirse en difusores de consignas que desgastan al gobierno, como si se tratara de un partido político opositor, y sus lectores de noticias también dejaron de serlo para convertirse en activistas de la derecha, a quienes la obviedad los delata.
Mientras se les dé fuerza con los candidatos, gobernadores, funcionarios, tendrán los insumos suficientes para seguir tratando de desgastar a la 4T. Habrá que ayudarlos a bien morir en beneficio de la verdad y de México.
Los grandes personajes de la 4T no sólo deben apoyar a la militancia y la sociedad que representan sino también aportar.