A partir de la reforma electoral de 1990, se determinó que las elecciones federales se instrumentarían a través de 333 Juntas Ejecutivas; una a nivel nacional, una en cada entidad federativa y otra en cada distrito electoral. Este diseño organizacional se ha mantenido durante más de 30 años demostrando su eficacia operativa.
En particular las Juntas Locales y Distritales, que sustituyeron a las comisiones locales y comités distritales electorales, previstas en el Código Federal Electoral, tenían características que consolidaron la realización de elecciones confiables y transparentes. Eran y siguen siendo órganos colegiados, ejecutivos, permanentes e integrados invariablemente por miembros del servicio profesional electoral.
Estas cuatro características han garantizado la celebración de elecciones periódicas, pacíficas y confiables. Permítanme describir cada una de manera somera.
La colegialidad de las Juntas Ejecutivas, conformadas por cinco vocalías, ha permitido que la eficacia y eficiencia operativa, la instrumentación imparcial de los procedimientos electorales e incluso el resguardo de información y documentación electoral, no dependan de una sola persona, sino de un conjunto de funcionarios especializados.
El carácter ejecutivo les facilita enfocarse en la implementación de los programas institucionales, dejando en otros órganos la definición de directrices y la vigilancia electoral.
La permanencia asegura el buen desarrollo, tanto de las actividades previas a los procesos electorales y consultivos como, por ejemplo, el registro electoral, la educación cívica, el monitoreo a medios de comunicación y al comportamiento de partidos, candidaturas o aspirantes a serlo; como de las relacionadas con dichos procesos, entre otras, la ubicación y conformación de casillas y la entrega de documentación electoral.
Esta permanencia se encuentra también relacionada con los miembros del servicio profesional electoral que las integran. Este cuerpo de funcionarios especializado respondió a los cuestionamientos sobre la ineficacia y parcialidad de quienes conformaban las comisiones y comités electorales que organizaron las elecciones en los años 80.
Vale mencionar que el perfil de este personal se define desde su ingreso, el cual se realiza a través de rigurosos procesos de reclutamiento y selección, en donde se privilegia el concurso público; y una vez incorporados o incorporadas, son sujetos de un programa de formación y sometidos a evaluaciones permanentes, tanto de conocimientos como de desempeño.
No obstante, es la permanencia, que no inamovilidad, de este cuerpo de funcionarios y funcionarias, lo que les ha permitido dedicarse de tiempo completo a sus funciones, formándose, preparándose y acumulando experiencia electoral.
Podría decirse que cuándo inician los procesos electorales o consultivos, las y los integrantes del servicio profesional electoral saben qué y cómo implementarlos, desterrando la improvisación; y durante el desarrollo de estos procesos, se enfocan en cumplir con sus funciones y no en su futuro laboral, el cual, en las décadas finales del siglo pasado, con frecuencia se vinculaba con quienes resultaban electos o eso se cuenta.
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