Aún recuerdo el miedo frío, ese que se aloja en los huesos, cuando supimos que le habían disparado a José Francisco Ruiz Massieu, diputado electo y representante del PRI ante el Instituto Federal Electoral (IFE).
Estaba iniciando la sesión del
Consejo, la que iba a estar interesante porque el secretario de Gobernación, Jorge Carpizo, se disponía a debatir con Porfirio Muñoz Ledo. La noche anterior, un pequeño equipo habíamos estado trabajando en líneas e ideas para ese encuentro.
El doctor Carpizo, amigo de Ruiz Massieu, no
pudo leer la pequeña tarjeta que se le entregó con la información que pegaría como un mazazo y que añadiría tensión a un año que había iniciado con una revuelta armada, continuado con el asesinato de un candidato presidencial y que culminaba de la peor forma, como en una nube oscura.
Arturo Núñez, secretario General del IFE, avisó
de lo ocurrido con un parte escueto que se refería a disparos y heridas.
El secretario de Gobernación acudió de inmediato al Sanatorio Español, donde se conocería la
noticia de que nada se había podido hacer para salvar la vida de Ruiz Massieu.
Son ya 25 años de ese lamentable episodio y seguimos sin tener la certeza de quiénes ordenaron el
crimen, ya que las indagatorias oficiales terminaron en un verdadero desastre, fabricando culpables y estableciendo la modalidad de testigos pagados.
Lo que sí sabemos, en cambio, es que perdimos a
un político que habría aportado mucho en el corto y en el largo plazo, porque Ruiz Massieu tenía la virtud de combinar la capacidad teórica con la experiencia en el terreno de la operación política.
Era un ideólogo en un partido, el PRI, donde
eso no les sobra y ello termina por complicarles la comprensión de la realidad y la estructuración de los proyectos.
En una entrevista con el diario El Universal, Claudia Ruiz Massieu señalaba que su padre estaría metido de lleno en la defensa de las instituciones para
mejorar y apuntalar la democracia.
En efecto, el exgobernador de Guerrero, conocía al sistema político y había sido partícipe de sus
transformaciones, las que hace 25 años ya esbozaban, de modo serio, la construcción de todo un entramado que llevaría a la alternancia en la presidencia de la República, seis años después.
Y recordar a Ruiz Massieu, como lo hizo su hija
y hoy senadora, es plantear también una agenda en la que puedan converger quienes vislumbran los riesgos y desafíos que hoy enfrentan instituciones clave en nuestra democracia, como el INE, la CNDH y el Inai, por citar algunas.
Hoy culmino una breve pero fructífera etapa
en ContraRéplica. Le agradezco a Rubén Cortés y a todo su equipo el apoyo de siempre, con la certeza de que seguiremos leyéndonos en tiempos interesantes.
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