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Las primeras lecciones

Las primeras lecciones

Columnas miércoles 27 de mayo de 2020 - 01:15

Estamos por alcalzar la primera mitad de un año que quedará inscrito en la historia de la humanidad por la pandemia y sus consecuencias que todavía no podemos dimensionar. Pero vale la pena hacer el esfuerzo de extraer las primeras lecciones que está dejando. Una de ellas tiene que ser sobre la información generada y difundida sobre la pandemia y cómo se ha gestionado a nivel mundial y local, tanto por entidades gubernamentales y privadas como a nivel social e individual.
Cualquier análisis depende de la información, entendida como los conocimientos que se comunican sobre algún asunto. La acción de informar y lo que se informa comparten dos atributos: cantidad y calidad de lo que se comunica. La información permitirá saber si lo realizado fue acertado o no, reforzarlo si es necesario o corregir, suspender y evitar lo que no funciona.
La información generada hasta ahora sobre la pandemia y el coronavirus Sars-Cov-2 ha sido más exhaustiva desde que su brote a finales de 2019 en Wuhan, China, respecto de la ocurrida en 1918 por el virus de la influenza y cuyos primeros casos se registraron en un campo militar de Kansas, Estados Unidos. Fue precisamente la información que fluía desde España sobre la propagación de la enfermedad en una Europa que recién salió de la Primera Guerra Mundial lo que propició que todo mundo se refieriera a ella como la “gripe española”.
Las lecciones que podamos obtener dependerá de preguntarnos cómo se ha comunicado el conocimiento sobre la Covid-19 y la forma de enfrentarla por autoridades internacionales y locales; también debemos reflexionar si a nivel individual hemos cuidado la información que consumimos y retransmitimos, incluso la que nosotros mismos generamos a partir de nuestra experiencia. ¿Ha sido una información y la forma de adquirirla y transmitirla adecuada en cantidad y calidad?
El filósofo surcoreano Byung-Chul Han hace cuatro afirmaciones en su ensayo La sociedad de la información (contenido en su libro La sociedad de la transparencia, ed. Herder) que pueden ayudar a esta reflexión sobre los atributos cuantitativos y cualitativos de la información sobre la pandemia.
Dice que “un aumento de información y comunicación no esclarece por sí solo el mundo”. Es un error pretender que producir y difundir mucha información cada día sobre un asunto es suficiente para comprenderlo. Podemos saturar los canales informativos con datos, pero no significa generar conocimiento, ni tampoco garantiza la adhesión de los receptores.
En tal sentido, Byung-Chul Han asegura que “la hiperinformación y la hipercomunicación no inyectan ninguna luz en la oscuridad”. Más bien, se propicia una saturación en los sujetos que intervienen en el proceso comunicativo. Las fuentes de información, los medios que la tansmiten y los receptores se ven abrumados por la masificación de mensajes. A veces es más saludable aislarse. No es casual que muchos psicoterapeutas recomienden hoy en día dejar de consumir noticias.
“La masa de información no engendra ninguna verdad”, agrega el filósofo. Debemos ser críticos respecto de lo que se nos informa, pero también responsables en cuanto a la información que cada uno genera y transmite a otros.
Finalmente afirma que “cuanta más información se pone en marcha, tanto más intrincado se hace el mundo”. Por ello siempre será necesario que quienes la generan y la comunican lo hagan de tal forma que nos genere una verdadera comprensión de lo que vivimos para apropiarnos y beneficiarnos de ese conocimiento.

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/CR

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