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Las vicisitudes del mercado artístico

Las vicisitudes del mercado artístico

Columnas lunes 03 de febrero de 2020 - 01:04

A partir del 4 de febrero inicia la Semana del Arte en la Ciudad de México. Diversas galerías inauguraran exposiciones a lo largo del corredor Roma-Condesa-San Rafael. Zona MACO, la principal feria de arte, vuelve, aunque en esta ocasión tendrá que compartir públicos y coleccionistas con otras ferias en las mismas fechas. Material Fair se montará en el frontón México, la primera edición de BADA MX operará en el campo marte y QIPO, una feria alternativa, tomará un amplio espacio del edificio Gaona en la calle Bucareli.
Todos estos eventos tienen el mismo propósito: generar ventas, amarrar posteriores negocios y aprovechar todas las oportunidades para hacer relaciones sociales con personajes clave del mundo artístico.
Algunos galeristas viven esta semana con angustia. Temen que la inversión realizada, que suele ser de varios miles de pesos o dólares, no deje los frutos esperados. “Queremos compradores, no solo espectadores”, es casi una consigna para ellos. Y es que este año tiene desafíos. Algunas de las galerías más importantes que se habían presentado en ediciones anteriores en MACO dejaron de hacerlo para irse a Frieze, una nueva feria de arte en Los Ángeles, que inicia en fechas próximas a las ferias de México. Para el mercado mexicano Frieze es la verdadera competencia.
El mercado del arte en México es un tema que se ha estudiado poco. En 2018, ocho mexicanos fueron considerados por la revista Artnews entre los 200 coleccionistas más importantes del mundo. Algunas de las colecciones de estos acaudalados empresarios son expuestas al público y son prestadas a fundaciones y museos. Pero otros, mantienen sus colecciones en el anonimato, sin dar detalles de la inversión que hacen o la clase de arte que adquieren.
Quienes visitan estas ferias con la intención de adquirir alguna pieza generalmente tienen un poder adquisitivo privilegiado pero además comprenden que se trata de una inversión, una forma de ganar prestigio y un lugar dentro de una comunidad selecta. Entender el significado de la pieza o la corriente a la que pertenece no siempre es relevante.
Sin ventas o coleccionismo ningún tipo de producción artística se podría sostener. El problema es que quienes tienen la legitimidad de vender obras en el mercado principal del arte son muy pocos. También son pocos quienes adquieren arte en esas escalas, peros su influencia es muy fuerte.
Andrea Fraser señala que el mercado del arte contemporáneo se ha desarrollado exitosamente en aquellos lugares donde la desigualdad social es grave, porque también es donde un pequeño sector ha acumulado riqueza excesiva para comprar bienes de lujo. Y ese pequeño sector, a su vez, es quien mueve la tasa de especulación del mercado artístico global.
Combatir el mercado del arte es tan difícil como combatir la misma lógica de especulación que el capitalismo hace de los bienes escasos. Sin embargo, otra circulación, otro consumo, otros precios y otra valoración del arte en la vida cotidiana sí son cosas posibles. Comprar la obra de un artista reconocido puede ser el sueño de quien cuente con el capital para hacerlo, pero en el otro extremo, comprar a los pequeños productores, a los artesanos o convertirnos en públicos que están dispuestos a consumir el trabajo artístico de alguien en otro tipo de escalas, es fundamental para alimentar una economía de la que depende la sobrevivencia diaria de los artistas.










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