Le primer informe de actividades de la senadora Laura Itzel Castillo Juárez, tuvo referencias imborrables de la era del oscurantismo político. Desde Díaz Ordaz, quien aseguraba que su padre, Heberto Castillo, estaba escondido en la Unión Soviética o China, mientras le seguían los pasos en la Ciudad de México para encarcelarlo, hasta las represiones contra la sociedad, incluso luego de la supuesta apertura a los partidos minoritarios como el Partido Mexicano de los Trabajadores que fundara el ingeniero veracruzano.
Pasando por la disposición del petróleo de José López Portillo y las visitas a su padre en casas de amigos donde era escondido, aunque finalmente cayó en Lecumberri, donde purgó una condena inmerecida, sólo por protestar contra el gobierno.
Eran tiempos en los que cualquier expresión de disidencia era castigada, por lo menos con la cárcel. Y ella, la actual senadora, recodó cuando visitaba a su padre en prisión, siendo niña.
Hay muchas historias que contar de la represión en México que no pueden quedar guardadas sólo en la memoria de sus protagonistas, la visión de niñas y niños de ver a sus padres encerrados o de no volver a verlos jamás, sólo o disentir con un gobierno que nunca entendió lo que era el diálogo ni la democracia, aunque recurrían a estas palabras en todos sus discursos.
La demagogia que indirectamente torturaba niños y dejaba a su paso viudas arrasando con la dignidad del ser humano, en nombre del progreso de unos cuantos.
La narrativa del informe de Laura Itzel n no se limitó a dar cuenta de su trabajo, rescató de la memoria la historia escondida entre viejos triciclos y cepillos de muñecas historia que no por ser oscura deja de serlo, cuyos verdugos todavía están a la vista o sus muertes no conocen descanso no deben tenerlo.
Laura Itzel ha dejado de ser niña pero los recuerdos compartidos cierran cicatrices y renuevan luchas.
La represión del pasado no puede olvidarse, superar las etapas de verdaderos criminales, Díaz Ordaz, Echeverría, López Portillo, De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, eran sumisos sirvientes de oligarcas nacionales y extranjeros.
Cada instante de angustia de los niños que padecieron la pérdida o desaparición, definitiva o momentánea, de sus padres, es parte de la larga historia de la intolerancia, cuyos ejecutantes ahora reclaman, como propio, el destino del país. No hay foro que pueda desperdiciarse para no recordar el exterminio de la oposición de entonces.
Laura Itzel, recordó que el punto 3 del programa de acción, del Partido Mexicano de los Trabajadores, señalaba desde mediados de los 70, que tenía su sede en Bucareli No. 20, de la necesidad de que el Poder Judicial fuera electo por el pueblo debido a la enorme corrupción que se practicaba en su interior.