Catar fue el anfitrión de un Mundial de fútbol con las notas deportivas más bajas, pero ganó por goleada en lo que realmente le interesaba: que todo el mundo supiera de su existencia y que se confirmara como una potencia económica y actor emergente.
Catar consiguió lo que sus vecinos hegemónicos en la región jamás han logrado: ser anfitriones del evento más visto a nivel global con 4 mil millones de espectadores. Este pequeño país hizo valer su PIB per cápita que casi duplica el de Emiratos Árabes Unidos, triplica al saudita y multiplica por 22 al iraní. El Mundial les facilitó el escenario para hacer alianzas y negocios en los cinco continentes. Por ejemplo, algunos de sus invitados en el partido final fueron el yerno de Trump, el multimillonario dueño de Twitter y Tesla, Elon Musk; y el presidente francés Macron. Los cataríes sortearon exitosamente los intentos de boicots y el evento terminó con una final extraordinaria, que coronó al mejor futbolista en lo que va del siglo XXI, y que aparte trabaja para ellos en París. Mejor, imposible. Salvo en Argentina, donde la fiesta terminará quién sabe cuándo, el resto del mundo volvimos a nuestra normalidad tan pronto nuestras selecciones fueron eliminadas.
Ahora que está a la vista el Mundial del 2026, en el que México será coanfitrión, este evento debe aprovecharse al máximo para mejorar nuestra desgastada marca país. Para muchos, el que sólo tres ciudades sean sedes de diez partidos, de ochenta posibles, es una afrenta futbolística; sin embargo, el reparto es justo si se evalúa acorde al tamaño de la economía de los países anfitriones: México; 1.29 Billones; Canadá, 1.9 Billones; y Estados Unidos, 23 billones.
El Fútbol, a pesar de sus pesares y de los escándalos que lo acompañan, puede hacer mucho por la marca país de México en los próximos cuatro años; si los organizadores y todos los órdenes de gobierno lo visualizan como una nueva ventana para demostrar que el país está avanzando en algo. Sería deseable que al menos se trazaran objetivos muy simples, pero muy ambiciosos para las ciudades sedes: por ejemplo, reducir las tasas de homicidios a la media mundial y mejorar la calidad del aire de las contaminadísimas zonas metropolitanas de Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México.
Reducir la criminalidad a estándares internacionales y mejorar sustantivamente la calidad del aire requiere de centenares de decisiones de políticas públicas, que afectará intereses económicos, sociales y políticos muy fuertes. Sin embargo proveer de seguridad y de un medio ambiente sano es una de las principales razones de ser de los gobiernos, no hacer caravana con dinero ajeno. Hemos normalizado nuestros cielos grises y vivir en zozobra por la criminalidad, pero no podemos seguir así indefinidamente.
El Fútbol nos puede ayudar a imaginar y construir un mejor futuro que dure más que noventa minutos. Se puede. ¡Felices fiestas y gran 2023!