Lo bueno: Definitivamente el fin de los abrazos, esa soberbia estupidez que le costó al país el más grande baño de sangre en tiempos de paz y por la que jamás su artífice será llamado a hacerse responsable; ojalá la historia haga lo que la impunidad y complicidad no le permitirán hacer a un gobierno que, como los de otras épocas hay que decirlo, cobija a los suyos, y especialmente a su mesías. Pero el fin de los abrazos, el cambio de estrategia, aunque nunca lo van a reconocer, es sin duda una buena noticia aunque quizás sea tarea de todo el sexenio desandar el camino que construyeron con su estupidez llamada "abrazos, no balazos", lástima que todo ese baño de sangre jamás será castigado, así como nunca fue castigada la no menos estúpida guerra contra el narco.
Lo malo: hay muchas cosas malas, que nunca van a reconocer. La primera de ellas es que este cambio de estrategia en materia de seguridad es producto de las intensas presiones de Estados Unidos.
Todo empezó al final del sexenio del "mejor presidente de la historia, de la galaxia y del mundo mundial", cuando los gringos hastiados de que les vieran la cara mandaron a un comando especial del ejército y llegaron a cabo una clara violación a la soberanía del país sustrayendo al histórico capo Ismael "Mayo" Zambada, lo que tuvo que tragarse el mesías tropical; el cambio de rumbo era obligado y lo fue más con la declaración del presidente Trump de catalogar a los cárteles del narcotráfico como organizaciones terroristas, con todo y la defensa que hicieron de ellos desde Palacio los "diferentes e históricos".
El mediocre crecimiento económico, la corrupción que nos dijeron que ya se había acabado, y la falta de inversión pública para darle al país la perspectiva de crecimiento necesario, son solo algunos de los problemas que sigue y seguirá acarreando esta administración.
Lo feo: El fin de los contrapesos como los conocíamos, la "corte del acordeón", como pasará a la historia esta Suprema Corte de Justicia "elegida por el pueblo", un vulgar ejercicio de autoritarismo del que no sabemos cuáles serán las consecuencias, pero no augura nada bueno. Un régimen de "diferentes e históricos" que resultaron igualititos a los de antes, e incluso peores en muchas cosas.
Para algunos, como el expresidente Zedillo, la democracia mexicana se ha terminado y pasamos a un periodo oscuro con tintes de autoritarismo, quizás tenga razón, el tiempo lo dirá.
Ser "el país más democrático" del mundo según dicen es en realidad el discurso para disfrazar el agandalle del poder, los tiempos sin un partido único de estado duraron poco, antes del fin del primer cuarto del siglo asistimos a la instauración de lo que se supone ya habíamos superado.
Lo peor: Un pueblo bueno y sabio, pero profundamente mediocre e ignorante, que pasó de ser maiceado cada 6 años con una torta y un refresco a una limosna en forma de pensión o dádiva cada dos meses, en ese sentido ganó, a costar de joder al país. La receta ha sido extraordinariamente exitosa, los pobres, esos que hoy engañan diciéndoles que 13 millones de ellos ya salieron de la pobreza gracias a esta maravillosa ¿Transformación ?, sin duda son hoy el garante de un proyecto personal que paradójicamente lo último que busca es que dejen de ser pobres porque el régimen perdería su respaldo.
Las dádivas son eso, dádivas que en ninguna forma les permite o impulsa a la movilidad social. Esto parece una película ya muy vista, y todos conocemos el final.
México es un gran país, pero mientras tenga ciudadanos que estén dispuestos a joderlo a cambio de cualquier limosna, seguirá con sus problemas eternos.
Cómo dirían por ahí: México es extraordinario, maravilloso, un gran país, una gran nación, lástima que esté lleno de......mexicanos.