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Lo valioso del Arte Povera

Lo valioso del Arte Povera

Columnas lunes 04 de mayo de 2020 - 00:59

El 29 de abril el Covid-19 terminó con la vida de German Celant, uno de los críticos italianos de arte más reconocidos. Su trabajo se dio a conocer luego de haber sentado las bases de una nueva corriente artística muy importante en los años 60: “El arte povera”, o en español “arte pobre”.
Se trata de una corriente controversial y a menudo cuestionada por algunos especialistas. Básicamente propone el uso crítico y poético de materiales ordinarios (basura, madera, plásticos y desechos) para crear obras artísticas. Pero para sus detractores los objetos de naturaleza vulgar, que abundan y se deterioran con el paso del tiempo, no pueden ser empleados con fines artísticos.
Este punto de vista tiene su eco en nosotros. Las ideas que nos enseñan para distinguir lo que puede ser considerado bello, en automático nos impiden imaginar que la basura, “las chácharas” y la materia natural, como tierra, pueden llegar a tener valor estético.
A pesar de ello el arte povera encierra algunos principios que han sido muy influyentes para el arte actual. Alain Badiou en su ensayo Las condiciones del arte contemporáneo (2013) nos explica que este tipo de arte se distingue de los valores del arte moderno y del arte romántico. Y en cierto modo, es una superación de los planteamientos que defendían dichas corrientes. En el romanticismo se asumía que el artista era un genio incomparable, la obra se veía como un objeto trascendente, irrepetible y eterno. El arte significaba algo aristocrático y elevado.
En el arte moderno el interés por la tradición se deja atrás. Las formas se simplifican y aunque se busca la vanguardia en contenidos, la obra sigue siendo vista como algo eterno; objetos por encima de las cosas de la vida diaria.
A diferencia de ello, en el arte contemporáneo se busca una relación directa con la vida misma. Desde Marcel Duchamp se supo que el ser del arte no se puede encasillar en la creación de objetos, pinturas y esculturas, que consideramos bellas solo porque son agradables a la vista. La naturaleza del arte no está limitada al uso de determinados medios físicos ni su destino es recrear lo que el ojo ve.
En ese sentido, hay obras que a veces no crean objetos ni imágenes, sino provocan experiencias que intentan mostrarnos otras posibilidades de nosotros, de nuestro entorno y del significado de las cosas que hay en él.
Además del Arte Povera, movimientos como el Land Art y el Arte Acción también intentaron ligar el arte a la vida cotidiana, a la naturaleza y a las relaciones humanas. En su visión, las cosas ordinarias son valoradas. La fragilidad, lo efímero, el cambio y la muerte son rasgos del mundo, pero en occidente no son totalmente aceptados. Así que mediante el arte podemos tomar conciencia de ello.
Un caso para ilustrar lo dicho es la instalación Presente para os presentes, del artista brasileño, Marepe (Marco Reis Peixoto). Marepe crea con materiales locales y que son comunes en los barrios populares de Brasil, el mundo al que pertenece. La instalación consiste en una serie de pequeños ladrillos, hechos por él mismo, a base de tierra que sacó con las manos de su tierra natal. Les colocó algunos listones, en símbolo de regalo, para dar algo de sí mismo a otros, algo esencial e irremplazable. Es literalmente un fragmento de su origen humilde para decir lo valioso y complejo que eso significa.





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/CR

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