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Manual de tentaciones

Manual de tentaciones

Columnas lunes 09 de agosto de 2021 -

Benjamín Barajas

La generación de la sorpresa, la “suspensión” de los sentidos, es un privilegio de las artes y, para nuestro caso, de la literatura. El placer de la lectura suele producirse en el texto, pero sólo en el lector adquiere cumplimiento y cabal significado. Es él quien da vida a la partitura, a él corresponde certificar el gozo.

Borges insistió en el acercamiento “inocente” a las obras del arte literario, sin que mediaran los aparatos críticos, las consignas estéticas y las opiniones “autorizadas” sobre tal o cual autor, pues en este caso llegar a Homero, Shakespeare o Dante, debido a los gruesos tratados que se han escrito en su nombre, sería casi imposible para un lector que no viviera la literatura de un modo “profesional”.

Es deseable, entonces, la lectura directa para compartir las emociones y vivencias del autor, a través de la intuición propia y de las experiencias personales o vicarias, las cuales podrán contribuir a iluminar el texto. Pensaba Fernando Savater que solo un lector es capaz de modelar al autor; porque nadie ve una pirámide y se le antoja convertirse en arquitecto, en cambio el lector suele seguir la obra desde la primera palabra en clave, sembrada ante sus ojos, hasta la última que encuentre para descifrar y comprender.

En este contexto, resulta llamativo el Manual de tentaciones del poeta, narrador y dramaturgo cubano –y naturalizado español desde 2002–, Abilio Estévez. Se trata de una obra seductora desde el título y luego tiene el acierto de alimentar la curiosidad, el interés y el entusiasmo por una escritura que se antoja natural y por su sencillez, alejada de la mala pretensión retórica.

La obra tiene un estilo clásico porque pareciera emerger de ese manantial sereno, según la frase de José Martí, que Roland Barthes atribuía a los autores que mantenían un vínculo especial con los escuchas o lectores de su época, mediante el uso de un lenguaje llano, casi habitual, que adquiere el tono familiar de la confesión. Se trata de una escritura hecho para comunicar, ajena a la meta textualidad, tan socorrida entre los poetas de vanguardia.

Manual de tentaciones se inscribe en esa tradición de limpieza y claridad, donde fluye el diálogo con el lector, quien se convierte en referente y cómplice de las confesiones, a ratos de tono autobiográfico, como sucedía con San Agustín y Rousseau, pero, sobre todo, la voz de Abilio Estévez comparte el tono lírico de Luis Cernuda, Yorgos Seferis y Constantino Cavafis, a quienes copia la desnudez lírica y de quienes pareciera un ilustre continuador.

Los temas de su poesía en prosa se instalan en el complejo vértice del pasado nebuloso, el futuro incierto y un presente en que se asiste a las interminables despedidas; la gente de La Habana emigra y las huellas de su huida solo parecieran registrarse en las palabras del poeta que recuerda y permanece.



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