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México ante el T-MEC

México ante el T-MEC

Columnas viernes 17 de enero de 2020 - 01:03

Somos Norteamérica. Norteamericanos por geografía, por historia, por identidad y más recientemente por el proceso de integración económica, que ha ofrecido un dinamismo sin precedentes en la historia de sociedades tan complejas como estas que nutren el norte continental. México reconocido como parte de su zona originaria, tiene implicaciones más trascendentes de lo que pudiera parecer. Tradicionalmente excluido por la potencia anglosajona, le fue privado no solamente su territorio norteño por esta, sino que sendos prejuicios étnicos bien arraigados en el vecino, le impidieron a este por muchos años comprender las características pluriversas de la nación hispánica, que quizá sería el último frente histórico de la Reforma que seguramente no acabó en Westfalia en 1648, sino dos siglos más tarde en Guadalupe-Hidalgo en 1848.
Para nadie es desconocida la historia de conflictos, normalmente caracterizada por la agresividad vecina, es por eso que desde la firma del TLCAN en 1992, fue más que la simple firma de un gran acuerdo comercial, pues resultó por primera vez en la historia americana, un concordato entre el mundo anglosajón y el mundo hispánico que sellaría una alianza estratégica que daría inicio a un proceso de reconocimiento mutuo trascendental. México finalmente se reintegraba con su mundo, con su amado norte perdido al que los azares históricos lo han ido reintegrando: la lengua, la cultura, la historia y la economía mexicana ha ofrecido a EU un nuevo aliento vital, plagado de miles de años de experiencia histórica que no en balde hacen de la identidad mexicana una de las más poderosas del mundo, y sin duda la más importante de la América Hispánica.
La serie de insultos y amenazas de la administración Trump, no sirvió para borrar la integración norteamericana, y con la ratificación del día 16 de enero del T-MEC en el senado estadounidense, se reafirma que la integración es tan poderosa, que quizá en él se construya un frente común hemisférico no simplemente económico, sino cultural de un occidente que pareciera perder dinamismo ante el embate de Asia- Pacífico, en especial, de China. El T-MEC implica la gran oportunidad de fortalecer la familiaridad septentrional, y construir un vínculo más fortalecido con las naciones hispanoparlantes que mantienen una plataforma de avanzada con el mercado más grande del planeta, pero también de construir una narrativa dignificante de nuestras sociedades, de demostrar el dinamismo, la riqueza e importancia de nuestras sociedades cada vez más integradas.
No es simplemente un tratado comercial, es la reivindicación cultural de un mundo cosmopolita inevitablemente integrado, que ha modernizado las mentalidades de una población tradicionalmente conservadora como la mexicana, y que se ha integrado de manera ejemplar a un mundo del que no puede ni excluirse ni ser excluido.

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/CR

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