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Columnas
El flujo de personas a nivel internacional se ha convertido en una realidad constante. Estados Unidos lidera la lista de destinos para la migración internacional. En esta trayectoria, México ocupa un papel crucial, no solo como país de paso, sino como refugio temporal para un abanico diverso de nacionalidades, incluyendo a aquellos que cruzan continentes enteros en busca de un mejor futuro.
En la última década, nuestro país ha sido testigo de un flujo constante de migrantes que buscan ingresar a los Estados Unidos, incluso sin la debida autorización. Tras el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y Cuba en 2014, el flujo de migrantes cubanos hacia América Latina y el Caribe experimentó un notorio aumento.
La tragedia que siguió al terremoto de Haití en 2010 llevó a una migración masiva, con una parte dirigiéndose a Sudamérica debido a políticas de visas humanitarias y oportunidades laborales. Sin embargo, las dificultades encontradas en esos países los llevaron a emprender un largo viaje con la esperanza de llegar a Estados Unidos o Canadá.
El éxodo de venezolanos debido a la crisis en su país también ha influido en esta compleja dinámica. Con millones de personas huyendo a naciones vecinas como Colombia y Brasil, un flujo más pequeño pero significativo ha llegado al país Azteca, algunos con la intención de seguir hacia el norte.
El fenómeno más importante han sido las caravanas de migrantes procedentes de Honduras, El Salvador y Guatemala, que cruzan México rumbo a los Estados Unidos. Sin embargo, la migración internacional en México no se limita a estas caravanas; la diversidad de flujos y nacionalidades es impresionante.
El número de solicitudes de asilo y refugio en nuestro país ha aumentado drásticamente, entre 2013 y 2021 se elevó 5,348%. Para 2022, México se convirtió en el tercer país con más solicitudes de refugio, solo superado por los Estados Unidos y Alemania, con haitianos, hondureños y cubanos liderando las solicitudes.
Esta creciente complejidad en los flujos migratorios ha ejercido una presión significativa tanto en las autoridades mexicanas como en las organizaciones no gubernamentales que prestan asistencia humanitaria a los migrantes. La capacidad para abordar las necesidades de esta diversidad de personas ha sido sobrepasada.
Por ello, toma relevancia la convocatoria que el presidente Andrés Manuel López Obrador generó al convocar a los gobiernos de Colombia, Venezuela, Cuba, Belice, Costa Rica, El Salvador, Haití, Honduras y Panamá para firmar la “Declaración de Palenque” que rechaza las “medidas coercitivas” y busca regular el flujo migratorio con respeto a los derechos humanos.
En un mundo cada vez más interconectado, México se enfrenta a una responsabilidad crucial, no solo como nación de tránsito, sino como un faro de esperanza y apoyo para aquellos que buscan una vida mejor. El compromiso con una política migratoria justa y humanitaria no solo es una necesidad, sino también un reflejo de nuestros valores como sociedad y nación.
*Periodista | @JoseVictor_Rdz
Premio Nacional de Derechos Humanos 2017
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