En la noche del 23 de febrero, en Nueva York, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas estaba reunido y en sesión atendiendo la tensión militar y la amenaza de operación bélica en el este de Ucrania.
No pasaron más de 20 minutos desde que se le imploró al presidente ruso Vladimir Putin, desde la sede de las Naciones Unidas, que evitara cualquier acto bélico, cuando dio la orden a una parte de sus más de 150,000 tropas de cruzar la frontera hacia las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk con el objetivo de “llevar ayuda humanitaria” en su intento de resistir las fuerzas militares ucranianas.
El cruce fronterizo de las tropas rusas tiene un significado que es menester analizarlo a fondo.
En primera instancia, la osadía de cruzar refiere una violación al derecho internacional al estar invadiendo un territorio autónomo y soberano desde su declaración de independencia en 1991 cuando la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS) se derrumbó, dejando muy mal parada a Rusia al perder una gran parte de su geografía.
Por otro lado, la insistencia del presidente Putin, desde 2014, por hacerse de Ucrania no es más que el reflejo de la frustración acrecentada en el ímpetu ruso por recuperar lo que algún día fue el imperio soviético. Pues Ucrania era considerada la segunda república más importante de la URSS, sólo después de Rusia, por supuesto.
Sin embargo, uno de los puntos más sólidos en este conflicto es, sin duda, la negociación que Putin quiere llevar a cabo.
Ucrania fue invitada en 2008 a formar parte de las Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la cual tiene como objetivo garantizar la libertad y seguridad de los países miembros a través de instrumentos político y militares.
Pero, ¿qué significa esto para Rusia? ¿cuál es el peligro?
La OTAN está conformada por países mayoritariamente capitalistas. Partiendo de este hecho, los intereses que puedan tener los países miembros se permean directa o indirectamente sobre la región en la cual operan. Por lo tanto, Rusia trata de evitar bajo cualquier circunstancia, la adición de Ucrania en un sistema de ideas capitalistas.
De igual manera, un país debe desear formar parte de esta organización para su anexión a la misma, lo que significaría que Ucrania está interesada en establecerse como un país con ideologías occidentales.
Sin embargo, el punto más sensible para la Rusia de Putin es la militarización en puerta propia. Al Ucrania formar parte de la OTAN, las fuerzas armadas de la misma podrán establecerse en territorio ucraniano sin problema alguno. Lo que significaría un detrimento en el poder militar regional ruso, menos poder político y económico.
Es por ello que Rusia está bajo una apuesta muy peligrosa.
Desde el conflicto por Crimea en 2014, Putin quedó muy desgastado económica y políticamente, pues las sanciones internacionales a partir de ese evento le han costado muy caro. Ahora vuelve amenazando al que se quiera interponer en su objetivo de “brindad ayuda humanitaria” y afirmando que Rusia no busca ocupar territorios ucranianos.
Pero, si no busca dominar territorios ucranianos, ¿por qué destroza los aeropuertos de las ciudades más importantes de Ucrania? ¿Por qué Bielorrusia lo apoya? ¿Por qué comenzó ataques simultáneos en toda Ucrania cuando sólo “buscaba enviar ayuda humanitaria a la región del Donbas?
Ante una apuesta tan peligrosa económicamente, ¿será que tiene un respaldo económico de China en caso de que una nueva guerra mundial comience?
El tiempo lo dirá.