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Miguel Barbosa, culpable

Miguel Barbosa, culpable

Columnas lunes 15 de junio de 2020 - 01:37

Luis Miguel Barbosa es un hombre, como todos, de luces y sombras. Lo conocí en 2001 cuando era diputado federal y había presentado la primera iniciativa legislativa en la historia del país sobre datos personales. En esa época nadie sabía con qué se comía semejante concepto. En esos años, con el fin del PRI como partido único en la presidencia de la República y sin mayoría en el Congreso de la Unión, la idea de que la vertiente de acceso a la información pública del concepto genérico del derecho a la información se veía como una probabilidad no ya sólo como una posibilidad. Miguel, diputado del PRD traía ya el tema en uno de sus rubros: la contracara del derecho de acceso a la información; es decir, el derecho de protección de datos personales. Uno de los primeros pasos para avanzar era sumar a Miguel en esa inquietud cada vez más compartida.
Para ello, era necesario que no se dispersaran esfuerzos y, por el contrario, se priorizara la unidad en lo fundamental. Miguel entendió la importancia de ello, dejó de insistir en su iniciativa y se convirtió en uno de los artífices de la iniciativa plural de la primera ley de acceso a la información pública que tenía en su contenido un amplio apartado dedicado a la protección de datos personales que fue, en gran medida, obra suya. Allí se generó una simpatía inicial que siguió con esas ausencias presentes que suceden en muchos casos. Varios años después cumplió uno de sus sueños más preciados: ser gobernador de su estado natal, Puebla.
Con muchas dificultades logró ese propósito. El saldo de Miguel como gobernador arroja claroscuros. Una de las reglas de la política a la mexicana es la mediocridad. Quien rebasa esa línea, bien por estar muy debajo de ese umbral o, por el contrario, estar arriba de ese baremo es sinónimo de problemas porque no encaja en las formas y modos como se ha entendido a la política en este país. Miguel ha roto esa regla que de haberla seguido hubiera pasado sin pena, pero sin gloria (y por ello sin mayores problemas) este encargo de elección popular, en una entidad donde la corrupción ha sido una constante, como en otros espacios he documentado (y lo seguiré haciendo), lo que salirse del guión tiene sus costos. Y Miguel es culpable de varias cosas que están en su naturaleza. Es alérgico irredento a la mediocridad, a la ausencia de resultados y a la falta de luces, de ahí los cambios habidos en su equipo de gobierno.
Y sí, ninguna duda cabe, es culpable de ser intolerante a la estulticia, quizá podría adoptar otras formas de expresar ese malestar, pero esa es su naturaleza. Es también culpable de tener un humor cáustico al referirse a cuestiones públicas que han sido tomados de manera literal no en su contexto. Si a lo anterior se agrega que es un hombre que su objetivo en la vida no es servirse, sino servir al interés público, se entenderá que afecta múltiples intereses que ven en él un obstáculo al statu quo y su correspondiente establishment. En Puebla, en mayor medida que en otros lugares del país, tiene lugar la doble moral y la simulación en la clase política tolerada y aceptada por los beneficiari@s de que las asimetrías económicas y sociales sigan como siempre han sido. En ningún lugar del país existe, hasta donde tengo conocimiento, una publicación gratuita con un gran consumo llamado Rostros, propiedad de un querido amigo, Armando Prida, también propietario de los diarios Síntesis, con una amplia circulación en esa entidad y otros estados. Para mi sorpresa, los ingresos económicos de Rostros y su influencia social no tienen precedentes en relación a un medio de comunicación comercial. Para alguien que ve las cosas desde fuera de Puebla, como es mi caso, llama la atención cómo ahí tiene un valor primordial el qué dirán, “dime en donde sales y te diré quien eres”, se podría parafrasear la conseja. Miguel, con sus aciertos y errores, está fuera de esos modelos domésticos de la sociedad poblana porque ha abrevado de una cultura universal fuera de los límites mentales y territoriales de la entidad. Deberá ahora aprovechar su talento natural y su conocimiento adquirido para hacer de su gobierno en Puebla un legado que rompa los intereses creados sin afectar la gobernabilidad del estado. No es una tarea sencilla, pero tampoco es imposible para alguien con sus prendas cognitivas que habrá de necesitar más que nunca.
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/CR

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