Nuevamente me refiero a la satanización indebida de los “plásticos” (el término correcto debe ser “polímeros derivados del petróleo”). Nadie en su sano juicio puede negar que estos polímeros han proporcionado excelentes avances en las múltiples “necesidades modernas” del ser humano. Sin embargo, existen varias organizaciones ambientalistas famosas que dicen que quieren un mundo sin plásticos (polímeros) y que los plásticos están contaminando el planeta. En realidad, lo que equivocadamente (o con dolo) están señalando es el pésimo y reprobable comportamiento humano respecto al manejo post-consumo de todos estos envases, empaques y embalajes que nos hacen la vida más placentera, segura y más barata. El valor más importante de estos polímeros es sin duda, su capacidad sanitaria. En la pandemia salvaron millones de vidas y en los últimos 60 años han salvado a otros tantos millones del contagio de enfermedades como el sida y muchas más enfermedades contagiosas.
Afirman que 500,000 animales marinos que mueren cada año por la contaminación plástica de los mares y dicen que 13 millones de toneladas anuales de materiales plásticos llegan “misteriosamente” a contaminar los océanos del planeta. Ambas afirmaciones simplemente son falsas. No tienen ningún fundamento real. Estas afirmaciones catastrofistas solo generar mucha preocupación y miedo, pero desinforman. Evaden intencionalmente el verdadero problema: la falta conciencia y educación de los seres humanos, que son los que tiran estos materiales no solo a los océanos y mares del mundo, sino también a los ríos y prácticamente están tirados en todas partes. A eso deberían enfocar su crítica para terminar con esa imperdonable contaminación plástica.
De los microplásticos, se dice (sin ningún fundamento científico) que los seres humanos los ingerimos en una cantidad equivalente a una tarjeta de crédito a la semana. Lo que no dicen es que el planeta y con ella la salud de los 8,450 millones de seres humanos están siendo afectados por muchos y diferentes tipos de partículas o micropartículas: filtros de cigarrillos (solo en 2019 se dice que se consumieron 7.41 billones, que equivale a 20,300 millones de cigarrillos al día) que son de acetato de celulosa, metales pesados y otras sustancias. Cosméticos (maquillajes, exfoliantes, pastas dentales y jabones incorporan intencionalmente microplásticos), materia orgánica (polen, hollín y polvo urbano), materiales de construcción y pastillas de frenos (las famosas balatas de los autos) liberan partículas de caucho y otros materiales.
La diamantina (glitter) de uso intensivo, son microplásticos recubiertos con capas metálicas brillantes que se encuentran en cosméticos, ropa y calzado, artículos para decoración y manualidades y artículos de papelería. Las fuentes primarias de microplásticos son: 35.0 % de fibras y textiles sintéticos, 28.0 % de neumáticos, 24.0 % de polvos urbanos, 7.0 % de pinturas y señalizaciones viales, 3.7 % de pinturas marinas (epóxicas), 2.0 % de productos de cuidado personal y menos del 1.0 % de pellets de plásticos.
* Carlos Alvarez Flores es consultor ambiental. Experto en gestión de residuos y cambio climático. Presidente de México, Comunicación y Ambiente, A.C.
www.carlosalvarezflores.com y @calvarezflores