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Morena no es sinónimo de la 4T

Morena no es sinónimo de la 4T

Columnas miércoles 29 de enero de 2020 - 02:21

En estos días en que la clase política asiste a un desencuentro entre los grupos de Morena, donde la batalla debería ser por darle espíritu de cuerpo y transitar de una herramienta electoral a un partido político de largo aliento, se piensa erróneamente que Morena y el proyecto de gobierno del presidente López Obrador son sinónimos o que la 4T y Morena son uno mismo.
Y bajo esa falsa premisa se hacen análisis que buscan encapsular el proyecto presidencial en las eventuales candidaturas que pueda abanderar Morena. De esta suerte, si Morena no logra la unidad requerida —se piensa— tampoco podrán ser competitivas las candidaturas de la 4T que le den viabilidad al actual régimen. Hay aquí, un error de perspectiva, razón por la cual si la premisa de partida es equívoca el hilo conductor de esas reflexiones transitarán por esa misma tónica.
El proyecto de Gobierno actual trasciende a Morena y su destino como una única vía electoral de la 4T. En algunos estados y municipios, Morena puede encauzar el voto afín al lópezobradorismo; en otros, empero, las candidaturas pueden surgir de la coalición de los partidos que acompañaron a AMLO en 2018 (PT, PVEM y la nueva versión del PES, Encuentro Solidario) junto con las nuevas expresiones políticas cercanas al Gobierno actual que logren el registro. En esa coalición, sin duda, estará Morena, pero no como partido hegemónico necesariamente.
Este nuevo mapa político le permitirá al presidente decidir los aliados de manera casuística sin que se convierta en rehén de las pugnas internas del movimiento que en su momento presidió. Eso tuvo su tiempo y circunstancia. La política no es estática; se modifica por razones multifactoriales de manera contínua. Sería iluso pensar que el presidente de la República tenga interés prioritario en hacer de Morena una razón de Estado. Las cosas apuntan, por el contrario, a que no pondrá todos los dados en la misma canasta y hacer los ajustes que sean necesarios.
El propósito presidencial es transformar las reglas del juego del ejercicio del poder con los mecanismos que la Constitución ha creado para tal efecto. Se pueden hacer muchas críticas al estilo personal de gobernar del presidente, pero hasta ahora no se ha acreditado judicialmente que se hayan hecho reformas al margen del sistema nomativo vigente de creación y modificación de leyes que brindan soporte al nuevo perfil institucional que, con más prisas que pausas, está viviendo el país, incluyendo las ya famosas mañaneras que son, como todo, susceptibles de debate a favor o en contra, pero están hechas dentro del marco de la Constitución y las leyes.

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/CR

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