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Columnas
Por Onel Ortiz Fragoso
@onelortiz
https://youtu.be/XVrRGG8PWxg?si=r7XtBGfPFBCanIxw
Morena nació como movimiento social en 2012 y como partido político en 2015. En 2018 ganó la Presidencia de la República y en 2024 no solo conservó la Presidencia, sino que también obtuvo mayoría en ambas cámaras del Congreso de la Unión. Por si esto fuera poco, Morena y sus aliados gobiernan 23 estados y casi dos tercios de los municipios del país.
Eso son los fríos números, pero en el plano de las percepciones, Morena cuenta con un gran consenso social. Como dicen los publicistas, en estos momentos es la marca ganadora y, por lo tanto, un polo de atracción para el resto de la clase política.
En 2012, Morena se integró con una escisión del PRD, con obradoristas sin partido que lo acompañaban desde 2006. En 2015 aumentó el flujo de perredistas hartos de las corrientes internas y de algunos priistas inconformes. Su primer grupo parlamentario estuvo integrado en su totalidad por quienes eran denominados como “Los Puros”.
De 2017 a 2018, entre la elección del Estado de México y la elección presidencial, Morena vació al PRD e integró a personajes priistas y panistas. Para la elección intermedia de 2021, el PRD se convirtió en un cascarón y comenzó el éxodo de priistas. Como sabemos, en el gobierno de López Obrador la lealtad fue la variable principal de su integración. Mientras tanto, en los grupos parlamentarios y gobiernos morenistas municipales y estatales prevaleció la pluralidad, con una lealtad casi absoluta al proyecto de la 4T.
En la dirección partidaria, el ostión estuvo cerrado hasta 2022, cuando se aprobaron reformas a los documentos básicos que permitieron a los gobernadores tomar el control de los órganos partidistas en los estados, donde “Los Puros” fueron desplazados.
En 2024, y después de una rápida revisión de los perfiles de sus legisladores y gobernantes, se observa que solo un tercio estuvo con Morena en 2012 y 2015. Dos tercios se integraron de 2018 a 2024, incluso meses antes de la elección.
La explicación sencilla y rápida del vertiginoso crecimiento de Morena es atribuirlo al liderazgo de AMLO. A simple vista, así es, o así era hasta este año, cuando López Obrador terminó su mandato y se retiró a su finca en Chiapas. Sin embargo, el asunto es más complejo.
La nueva dirección de Morena, encabezada por Luisa María Alcalde y Andrés López Beltrán, se ha propuesto la meta de alcanzar diez millones de afiliados. ¿De verdad, con la representatividad que ahora posee, para qué necesita Morena un padrón de 10 millones? ¿Dónde estará el epicentro del poder en Morena? La respuesta está en otra pregunta: ¿En la dirección partidaria, en los gobernadores o en Palacio Nacional?
Eso pienso yo, ¿usted qué opina? La política es de bronce.