Movimiento Ciudadano lo volvió a hacer. Ya había demostrado en varias ocasiones ser la única fuerza política que se toma en serio la deliberación de ideas, sin verdades preconcebidas ni respuestas prefabricadas. La noche de este martes se instaló el nuevo consejo consultivo “Pensando en México”, presidido por Salomón Chertorivski, y lo que ahí ocurrió confirma que no se trata de un discurso, sino de una forma de hacer política.
Fue el propio Chertorivski quien marcó el tono desde el inicio, quien tras la profunda discusión sobre política y literatura entre Sofía Margarita Provencio y el escritor Julián Fuks, con claridad poco habitual en otros espacios políticos, puso sobre la mesa una idea central: las certezas con las que se construyó el país durante décadas hoy ya no alcanzan para explicarlo ni para gobernarlo. Y, por tanto, nuestra generación tiene la responsabilidad de someterlas a revisión.
No como ruptura gratuita ni como gesto retórico, sino como condición para construir una plataforma política que dialogue con la realidad y no con inercias. No se trata de negar el pasado, sino de entender sus límites.
Después, Jorge Álvarez Máynez, citando de memoria a Jürgen Habermas, colocó el marco conceptual: la legitimidad democrática no se agota en las urnas, se construye en la deliberación pública. Sin ese ejercicio, la política se vacía de contenido y se reduce a una competencia de consignas.
Lo relevante del consejo no está sólo en lo que se dijo, sino en quiénes están sentados a la mesa. Hay una pluralidad evidente, pero no dispersa: es una pluralidad con densidad técnica, con trayectoria y con capacidad real de incidencia. Perfiles distintos, incluso contrastantes, que no buscan coincidir por consigna, sino discutir con fundamento.
Ahí conviven trayectorias jurídicas como la de Leticia Bonifaz, perfiles que entienden las nuevas dinámicas sociales y comunicacionales como el de Mariana Rodríguez, y experiencia en política pública de alto nivel como la de Aurelio Nuño. No es una mezcla casual. Es el reconocimiento de que la política que viene no puede explicarse desde un solo lenguaje ni desde un solo espacio.
Ese es, quizá, el punto más relevante: la deliberación no como ornamento, sino como método. No como simulación de apertura, sino como condición para construir decisiones mejores. En un entorno donde la política suele operar sobre certezas rígidas y diagnósticos simplificados, abrir el debate con esta amplitud no es un gesto menor.
Pensar México otra vez implica asumir que ninguna generación tiene el monopolio de las respuestas. Implica entender que la estabilidad no se construye sobre inercias, sino sobre la capacidad de revisar, corregir y, en su caso, replantear. Movimiento Ciudadano parece haber entendido que, sin esa premisa, no hay proyecto que aguante