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Muera la (absurda) muerte

Muera la (absurda) muerte

Columnas lunes 27 de julio de 2020 - 01:56

Lo opuesto a la vida no es la muerte,
es la indiferencia.

Elie Wiesel



Por Manelich Castilla

Las grandes guerras iniciaron por el afán expansionista de las potencias en distintos tiempos. Millones de muertes ha documentado la historia por el afán de grandeza de gobernantes y conquistadores. Europa, hoy con tasas bajísimas de homicidios, acumula millones de pérdidas humanas en guerras. Es quizás ese fantasma el que hace posible, entre otras razones, esta etapa de paz manifiesta en sus escasas muertes violentas.

En América Latina sucede lo contrario. Tenemos las tasas más altas de homicidios del mundo. A diferencia de las dos grandes hostilidades mundiales, la de 1914 a 1918 y la ocurrida entre 1938 y 1945, estas muertes tienen el componente trágico de ser casi en su totalidad por causas domésticas. Los grupos criminales heredaron el afán colonizador para asentar sus negocios en detrimento de la paz y la descomposición de ciertos sectores de la sociedad y la actividad productiva.

Lo peor que puede sucederle al ser humano es acostumbrarse a atestiguar la muerte absurda. En los últimos años se ha incrementado el consumo de violencia a través de distintos canales. Lo mismo en internet que por mensajería instantánea, se ha vuelto común observar el descuartizamiento de una persona con la misma naturalidad con que se admira una puesta de sol. La vileza como parte de lo cotidiano.

A propósito del Covid-19, se ha tornado natural asimilar a la muerte como el indicador que incrementa una macabra estadística. La lamentación está ausente del discurso. Hemos normalizado las muertes que no debieran ocurrir. Lo mismo por cuestiones de salud que por causas de la violencia criminal.

Si bien la muerte es una cuestión rutinaria e inevitable o, en palabras de Mario Benedetti, “una tediosa experiencia”, lo es también que cuando irrumpe bajo contextos que dejan ver un quantum de evitabilidad, debiéramos renunciar a su fácil aceptación y reparar por lo menos en el análisis de la posibilidad de la no repetición.

En el reporte más reciente de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés) 464,000 personas fueron víctimas de homicidio en 2017, superando las 89, 000 que murieron en conflictos armados en el mismo período, de acuerdo con el Estudio mundial sobre el homicidio 2019.

México tiene tasas de 27 muertes violentas por cada 100 mil habitantes.

Normalizar la violencia y acostumbrarnos a sumar muertos es inaceptable. Al aununcio de muertes por violencia debiera sobrevenir un planteamiento que abone a su no repetición. Lo mismo desde la esfera gubernamental, que en los medios de comunicación y en el empleo de redes sociales.

No condenar las absurdas muertes, especialmente las generadas por la violencia criminal, nos relega al triste papel de simples difusores de un mensaje de terrorífico.

Me niego.



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/CR

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