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Columnas
El artículo 14 de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, establece que “Niñas, niños y adolescentes tienen derecho a que se les preserve la vida, a la supervivencia y al desarrollo. Las autoridades de la Federación, de las entidades federativas, municipales y de las demarcaciones territoriales de la Ciudad de México, en el ámbito de sus respectivas competencias, deberán llevar a cabo las acciones necesarias para garantizar el desarrollo y prevenir cualquier conducta que atente contra su supervivencia, así como para investigar y sancionar efectivamente los actos de privación de la vida.”.
Sin embargo, en México tenemos una gran deuda con las infancias y adolescencias en este tema, y el hecho que nos ha obligado a observar fríamente este tema, es lo sucedido en el estado de Sinaloa, tras el asesinato de Antonio de Jesús, de 41 años y de sus dos hijos, Gael y Alexander Sarmiento Ruiz, de 9 y 12 años.
Hecho que provocó que el dolor, la indignación y el coraje, de adultos, de jóvenes y de niñas y niños, hicieran cimbrar las calles de la entidad, a través de consignas como: ¡A los niños NO!, ¡Los niños no se tocan!,“¡cobarde, cobarde!” (refiriéndose a Rocha Moya), “Queremos paz, a eso vinimos, ya no queremos que se derrame más sangre”, Queremos que esto ya se acabe, si este Gobierno no tiene el poder de hacer que algo cambie, que se vaya”, “Atacaron lo que más queremos, que son los niños”…
Estas pérdidas, nos llevan a retomar los datos que la Red por los Derechos de la Infancia (Redim), dio a conocer en su último informe, porque lo que les sucedió a Gael y a Alexander no son casos aislados, pero si fueron como el limón que cae a la herida y por ello los gritos de dolor.
Lo que REDIM dio a conocer, es que entre enero y noviembre de 2024, al menos 2,243 niños y adolescentes de 0 a 17 años fueron asesinados en México, lo que representa un aumento de 6.5% con respecto al mismo periodo de 2023, y que en el mismo periodo, se registraron 73 feminicidios de niñas y adolescentes, lo que también representa un aumento en comparación con el año anterior. Registrándose el mayor número de homicidios de menores en los estados de Guanajuato, Michoacán, Estado de México, Chihuahua, Jalisco y Chiapas.
Si bien son números fríos, lo que no está frío son los miles y miles de corazones de los padres, de las madres, de los abuelos y abuelas, de las hermanas y hermanos… que perdieron a una niña, a un niño o un adolescente.
Ante este problema, en septiembre de 2024, el Comité de los Derechos del Niño de la ONU, dio a conocer sus observaciones finales del proceso de evaluación del cumplimiento de la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas en diversos países, y aunque reconoció diversos avances legales e instituciones en materias de protección de la infancia en México, expresó su preocupación por “a) Los altos niveles de homicidios y feminicidios de niños, incluso a manos de la Policía; b) Las altas tasas de desaparición forzada de niños; c) La violencia armada, el narcotráfico y la lucha contra la delincuencia organizada que causan el asesinato de numerosos niños"
Esto nos lleva a demandar de todas las autoridades federales, estatales y municipales, medidas urgentes y estratégicas para prevenirlos y erradicarlos, porque lo que nos están recordando Gael y Alexander Sarmiento Ruiz, es que en México todavía no somos capaces de garantizarle a niños y niñas espacios seguros para jugar, aprender, convivir, de vivir y desarrollarse en espacios libres de violencia, de que no sean presa fácil para ser reclutados por la delincuencia organizada o morir a manos de criminales.
Todavía hay que mucho que hacer para garantizar a las niñas, niños y adolescentes su Derecho a la vida, a la paz, a la supervivencia y al desarrollo, por lo que hoy, desde este espacio, me sumo al grito de los miles de sinaloenses que gritaron con dolor, coraje e indignación: “¡Con los niños no!”.
DRA. ROSALIA ZEFERINO SALGADO
Asesora en Comunicación Estratégica
e Imagen Pública