En política, los símbolos pesan tanto como las palabras. La llamada austeridad republicana, heredera del pensamiento juarista y elevada a principio ético por el presidente Andrés Manuel López Obrador, tiene un eje incuestionable: “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”. Esa idea, simple y contundente, se convirtió en el estandarte de la 4T y ahora constituye el marco de congruencia para la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien ha reiterado que seguirá con la austeridad como regla del poder público.
La austeridad no es un fin en sí misma. Es un instrumento para gobernar con ética y desterrar la corrupción. Aristóteles, con su idea de la “justa medianía”, nos recuerda que tanto el exceso como la escasez son vicios; que el equilibrio es virtud. Y es justo ahí donde se abre un debate profundo: ¿cómo lograr que los servidores públicos vivan con sobriedad sin que caigan en la teatralidad del sacrificio extremo?
Hace muchos años, durante una campaña de izquierda en el sur del Estado de México, me tocó vivir una anécdota que ilustra el dilema. Después de una reunión en uno de los municipios, con liderazgos comunitarios, me disponía a abordar mi auto, un Volkswagen Golf modelo 98. En ese momento, un grupo de maestros me detuvo para hacerme una pregunta que —dijeron— les robaba el sueño. Me señalaron una imponente residencia detrás de nosotros: “Es del presidente municipal”, me explicaron. “Cuando llegó al cargo tenía apenas una casita modesta, y ahora tiene esa mansión y varias camionetas de lujo. Díganos con sinceridad, ¿un alcalde puede juntar lo suficiente en tres años de gobierno para darse esos lujos?”.
La respuesta me salió natural. Les dije que lo único que les podía comentar era que mi ingreso era prácticamente el mismo que el del presidente municipal, y les pedí que miraran el auto en el que me trasladaba. El silencio fue claro; la realidad estaba frente a sus ojos. No hubo necesidad de explicar más. Esa diferencia abismal entre el salario formal y la riqueza exhibida era el espejo de la corrupción.
Esta anécdota regresa hoy con fuerza, cuando discutimos qué significa la austeridad en un gobierno que busca transformar al país. López Obrador puso la vara alta: vuelos comerciales, fin del avión presidencial, salarios reducidos, desaparición de privilegios. Sheinbaum ha continuadoen esa línea. Y aunque la mayoría de la ciudadanía aplaude esta congruencia, también surge la pregunta de si la sobriedad debe extenderse a la vida privada de los políticos: ¿con su dinero bien habido pueden darse lujos, o la ética pública exige un estilo de vida austero dentro y fuera del cargo? La presidenta es partidaria de lo segundo.
En la historia mexicana, los excesos del poder siempre terminaron siendo símbolos de ruptura con el pueblo. El derroche ha sido la huella de la desconexión política. Pero la “pobreza franciscana” no debe ser leída como una obligación de vivir con privaciones, sino como un mandato de responsabilidad. Lo esencial es que los servidores públicos entiendan que el presupuesto no es propio, sino del pueblo. Y que se debe gobernar sin derroche, sin dispendio y sin lujos que envíenseñales equivocadas.
La justa medianía sigue siendo el mejor camino: un gobierno que viva sin excesos, pero también sin renuncias teatrales que afecten su eficacia. Porque la austeridad republicana no es miseria, es congruencia. Y al final, como en aquella plática con los maestros, la verdad siempre termina viéndose a simple vista.
ENTRE GITANOS
CIUDAD DE DERECHOS Y FIESTAS PATRIAS
Hoy en el Zócalo capitalino iniciaron los trabajos para colocar los adornos patrios. Mientras las luces y figuras anticipan la celebración de la Independencia, en el Congreso de la CDMX se aprobaron reformas que buscan ampliar derechos: reconocer a los animales de compañía en procesos de divorcio, querer dar voz a pueblos indígenas y afromexicanos en la Comisión de Salarios Mínimos, y garantizar la eficacia de medidas provisionales en juicios familiares. Tres dictámenes que proyectan a la capital como un espacio donde tradición y transformación caminan de la mano.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com