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Niñez y prisión

Niñez y prisión

Columnas miércoles 25 de agosto de 2021 -

Alejandra Gallardo

¿Se pueden imaginar lo que significa conocer el mundo y comenzar a construir un proyecto de vida entre 4 paredes de una prisión? Esa es la realidad para los más de 300 menores de edad que hoy viven con sus madres en los centros penitenciaros del país.

De acuerdo con el Censo Nacional del Sistema Penitenciario Federal y Estatales 2021 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), se registraron 384 mujeres privadas de la libertad que tuvieron consigo a sus hijos e hijas menores de seis años, siendo el Estado de México la entidad con mayor número de menores de edad acompañando a sus madres.

Esto es posible gracias a la Ley Nacional de Ejecución Penal, que garantiza el derecho a la maternidad y lactancia dentro de prisión, permitiendo a las mujeres privadas de su libertad en un Centro Penitenciario, conservar la guardia y custodia de sus hijas o hijos menores de tres años. Desafortunadamente, las leyes no se cumplen cabalmente en nuestro país.

La misma Ley, obliga a la autoridad penitenciaria a proveer a niñas y niños que acompañan a sus madres en prisión a alimentación adecuada y saludable, educación inicial, vestimenta, atención pediátrica, e instalaciones óptimas para que reciban atención médica, incluyendo a niñas y niños que viven con alguna discapacidad, para promover el sano desarrollo de las infancias y los procesos de reinserción social.

Sin embargo, la Encuesta Nacional de Población Privado de Libertad (ENPOL) hecha por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), revela falta de acceso a derechos básicos. Por ejemplo, el Observatorio de Prisiones en México, apunta que el 79.2 por ciento de menores no recibe educación, y que el 57.6 por ciento de las niñas y niños que viven en prisión con sus madres, no tienen acceso a medicamentos, éstos tienen que ser adquiridos por sus madres, familiares o donados por asociaciones civiles.

Y es precisamente gracias al trabajo y acompañamiento de asociaciones civiles, que la vida de las infancias creciendo en prisiones, puede estar cerca de la experiencia de la garantía de sus derechos.

Claro ejemplo de ello es la Asociación “Reinserta” que busca transformar la vida de las y las niños que nacen y viven en prisión con sus mamás, a través de modelos de atención especializada, que incluyen espacios de educación y socialización, alimentación y preparación de niñas y niños para la vida en comunidad.

Ante la constante tensión, violencia, corrupción e impunidad que experimentan, no podemos olvidarnos de que las infancias que nacen y crecen en presión, tienen los mismos derechos que una niña o niño que se encuentra fuera de ella. La cárcel no debe de ser un impedimento para alcanzar sus proyectos de vida, el bienestar familiar y social.


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/CR

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