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¡Nos valió madre!

¡Nos valió madre!

Columnas jueves 24 de septiembre de 2020 - 00:53

Restaurantes, bares y ahora, gimnasios, se unen a la vida económica de la nueva normalidad. Al mismo tiempo, otros sectores se alistan, mientras que los eventos sociales y espectáculos aún deben esperar; por lo menos, los que trabajan por la derecha. La realidad está al alcance de la mano. En Instagram, las personas lucen fotos en gimnasios sin medidas de seguridad. Otros, presumen encontrarse en fiestas y eventos clandestinos. Ni siquiera la zona cero del Covid-19 en China, Whuan, pudo resistir realizar un evento que fuera mundialmente criticado.
La opinión pública es dura contra los denominados “covidiotas”, que han ignorado las recomendaciones sanitarias y han continuado de manera ininterrumpida su vida social. Sin embargo, cada día, miles de personas se unen a la idea de aceptación sobre lo inevitable de la pandemia: se nos salió de las manos y no habrá forma de contener el fatal resultado, solamente podremos dosificarlo.
Pero, mientras las autoridades sugieren quedarse en casa, la cadena de servicios busca atraer a los clientes y convencerlos de salir a un espacio “seguro”. La confusión y los desgastantes debates al interior de las familias han llevado al límite la paciencia de muchos que han preferido dar la vuelta a la página y seguir su vida normal, dejando el miedo y viendo hacia adelante.
Y no hay forma de culparlos. Mucho se dijo que la cuarentena es un lujo que muy pocos se pueden dar, ya que, para la inmensa mayoría, dejar sus actividades significa dejar de comer. Hoy en día, el transporte público se desborda a diario por los cientos de miles de usuarios que se movilizan en la megalópolis. Las calles del Centro Histórico, desde Corregidora, lucen como una escena aterradora de Walking Dead. Las colonias populares y el comercio ambulante en casi todas las alcaldías, y municipios de bajos recursos, poco supieron de la cuarentena.
Por ello, la tarde del sábado, una hermosa hacienda a las afueras de la ciudad fue el escenario de la boda de Carlos y Sofía. La escena: 200 personas vistiendo de gala y sin cubrebocas. El novio toma el micrófono, saluda con gentileza a su familia y amigos. Hace un agradecimiento muy especial a todos: el haber asistido. Toda la familia de pie, luciendo sus brillantes sonrisas desnudas, como si nada pasara, sostienen sus copas de vino espumoso. En medio de un discurso efímero e irreverente, el alegre novio exclamó: “sabemos la situación tan difícil que estamos pasando; pero.. – hace una pausa para rascarse la frente- nos valió madre”.
Si los eventos sociales no retoman su actividad a la brevedad con los protocolos sanitarios permitidos, las fiestas clandestinas se multiplicarán y serán un cabo suelto más para las autoridades que, de por sí, ya están rebasadas.

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/CR

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