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Nosotros, los de ahora, no seremos los mismos 

Nosotros, los de ahora, no seremos los mismos 

Columnas jueves 30 de abril de 2020 - 00:52

Cuando en 1914 empezó la Gran Guerra europea, que pasó a denominarse Primera Guerra mundial cuando hubo una segunda, nadie imaginaba las profundas transformaciones que ese cataclismo bélico iba a producir.

Europa cambió sus fronteras, no solo geográficas, también ideológicas, desaparecieron los grandes imperios continentales y en el nuevo mundo surgieron países, apareció la nueva gran potencia soviética, Estados Unidos se convirtió en la nación de mayor fortaleza en occidente y Japón creció como fuerte referente en Asia oriental.

Y no olvidemos que a esa guerra la acompañó una pandemia, conocida como la gripe o influenza española, mera anécdota, tal vez, con relación a las causas de los cambios radicales, pero se presta a plantear lo sustancial de este texto.

Europa creyó, al final del conflicto, que en las nuevas condiciones, con todo resuelto, se viviría una normalidad fantástica; Alemania estaba de rodillas, la nueva Unión Soviética tenía mucho que reconstruir, Asia estaba muy lejos, las colonias producían materias primas baratas para la industria, los grandes capitales se consolidaban y Estados Unidos se entretenía con su puritanismo, además de controlar a la América del sur, pobre e ignorante, ¿qué podía salir mal? Vinieron entonces ‘los fabulosos veintes’, música, baile, artes liberales, hedonismo y alegría.

No entendieron los líderes de entonces que el nuevo orden era artificial, que no podían ahogar financieramente a Alemania, ni ignorar la influencia creciente de los soviéticos en el segmento del trabajo, ni contener el desarrollo japonés, ni olvidar que Estados Unidos necesitaba enormes mercados para su expansión económica y así les fue. La Segunda Guerra mundial fue consecuencia de las concepciones erróneas que trajo la primera.

Creo que la pandemia del Covid-19 y su influencia en las relaciones humanas tampoco están siendo comprendidas por los líderes del mundo, porque esta crisis es efectivamente global, ningún país es ajeno.

Veo al presidente de Estados Unidos y a jefes de Estado y de gobierno pensando en el regreso a la ‘normalidad’, como si esto fuera posible y creo que lo más que podrán lograr será una etapa de autoengaño, similar a la de la entre guerra del siglo pasado, porque esta crisis sanitaria exhibió estructuras políticas, económicas y sociales insostenibles; estos ‘fabulosos veintes’ no serán de fiesta, sino de duelo y habrá que construir un nuevo orden que ponga por delante al ser humano.

Parafraseando al poeta de Las caracolas y el Canto general —de alguna manera, por cierto, cronista en bello de la posguerra— creo que cuando se asienten los polvos de este lodo arrasador del coronavirus, nosotros, los de ahora, no seremos los mismos y no podremos vivir en el mundo podrido que agoniza. Las jóvenes y los ecologistas, nuevos líderes, deberán construir uno mejor.


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/CR

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