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Preservar nuestras riquezas

Preservar nuestras riquezas

Columnas miércoles 02 de diciembre de 2020 - 00:41

Las zonas arqueológicas mayas cuentan con diversas declaratorias de “Patrimonio Material de la Humanidad”, lo que nos compromete a cuidarlas y, sobre todo, a aprovecharlas en todo su potencial. Si permitimos su destrucción estaremos siguiendo los pasos que dieron lugar a las quemas de “libros del demonio” ordenadas por las órdenes católicas que fueron incapaces de comprender la forma de pensar y de vivir de aquellos hombres y mujeres que, sapientemente, se asumían como una parte de la naturaleza.

Me refiero a lo anterior, debido a que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) encontró la presencia de más de mil 500 vestigios arqueológicos ubicados entre Calkini, Campeche e Izamal, Yucatán, correspondientes a los 172 kilómetros del tramo 3 del Tren Maya lo que llevaría a las autoridades federales y turísticas a cambiar el trazo de vía.

No cabe duda alguna, Dios está de lado de la razón, de la protección no solo de los vestigios arqueológicos hechos por la manos del hombre, sino de la vida misma. El cambio obligatorio por este descubrimiento salvará a una gran parte de la selva donde cohabitan diversas especies de plantas y animales.

De acuerdo con información del propio INAH, éste delimitó dos áreas cercanas a las vías del tren, donde se desarrollaban las obras del tramo 3 del Tren Maya, al descubrir dos vestigios, considerados Patrimonio de la Humanidad. Además, en esa misma zona se ubica la Reserva Estatal Geohidrológica Anillo de Cenotes.

Qué desgracia para la humanidad fue la pérdida de los grandes avances culturales de los antiguos habitantes de lo que hoy conocemos como América, ya que la sabiduría de aquellos hombres y mujeres abarcaba todos los ámbitos de la vida humana.

De aquellas culturas dos son, sin duda, las más relevantes en México: la azteca o mexica y la maya, y aun cuando es ocioso debatir fuera de la academia, existe la idea generalizada de que los antiguos habitantes del Mayab aventajaban con creces a sus coterráneos.

De los mayas, al igual que otros pueblos prehispánicos, poco sabemos, porque además de que desconocemos la forma de interpretar su escritura, pocos son los códices sobrevivientes a la hoguera inquisitorial que destruyó infinidad de textos, que hoy pudiesen darnos pistas para aprovechar el basto conocimiento maya.

Expertos de diversos países han tratado de traducir los escasos escritos mayas y de culturas circundantes sin lograr los resultados deseados, sin que el destructor paso del tiempo y la presencia humana en las tierras que ocupara el Mayab dé muestras de querer respetar el patrimonio material que aún persiste de aquella nación, a la que no pocos especialistas califican de grandiosa.

De los mayas se han escrito kilómetros de hojas de papel, pero en verdad es muy poco lo que sabemos de ellos. Preservemos la naturaleza y todo lo que en ella se encuentra, sobre todo la vida.

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/CR

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