Apenas habían dado las ocho de la mañana del sábado 28 de febrero, que parecía un día más en la ciudad iraní de Minab, hasta que, intempestivamente, un misil de crucero Tomahawk de fabricación estadounidense impactó de lleno contra una escuela primaria para alumnas de entre 6 y 12 años, dando principio así a la guerra de agresión que la dupla Israel-USA ha emprendido contra el país persa. ¿Has conocido una niña de esa edad, lector-lectora?, ¿imaginas si hubiese sido tu hija? Murieron 175 niñas. No perdamos la capacidad de indignación ante las atrocidades y crímenes cometidos contra la humanidad.
A los pocos días de este infausto hecho, el equipo campeón de la MLS, Inter de Miami, cuyo dueño mayoritario es un tipo siniestro ligado con las mafias anti cubanas, se presentó en la Casa Blanca y sus miembros departieron alegremente con Donald Trump. Ahí estuvo, en primerísima fila, Lionel Messi acompañado de otros más, como el mordelón uruguayo Luis Suárez, aplaudiendo y sonriendo felices de la vida, mientras el hombre del pelo naranja hablaba con desparpajo sobre la muerte y destrucción que, por órdenes suyas, se cernía en ese mismo momento sobre el pueblo iraní.
De inmediato una ola de asombro por la imagen del Inter con Trump recorrió el mundo; el DT argentino, Ángel Cappa, quien además es un gran teórico y filósofo del futbol, escribió en sus redes: “qué lástima Messi”. Cientos de niños y adolescentes en Irán, pero también por todo el Medio Oriente, han quemado sus camisetas de Lio en repudio por el agravio.
Algunos trasnochados salieron en defensa de “La Pulga” porque, según ellos, todo fue parte de una actividad protocolaria, sin intenciones políticas, el deporte nada tiene qué ver, Lio no sabía, etc., etc. Pero lo cierto es que el acto tuvo una connotación cien por ciento política-propagandística. No puede decir que no estaba enterado o que fue parte de su trabajo. En su momento los basquetbolistas de la NBA, LeBron James de los Lakers y Stephen Curry de Golden State, se negaron a acudir a la Casa Blanca con sus equipos por no estar de acuerdo con las acciones de su inquilino. El mismo Lionel Messi, en su calidad de capitán de la selección argentina que ganó el mundial de Qatar, declinó la invitación del entonces presidente, Alberto Fernández, para ir a la Casa Rosada.
Hay que tener presente que Messi carece por completo de sensibilidad social, a él lo único que le interesa es ganar dinero en la etapa final de su carrera. Poca dignidad y mucha lana es lo suyo. En realidad, más que futbolista, es un empresario de pantalón corto y, en última instancia, forma parte del sistema y se siente completamente a sus anchas en compañía de los poderosos. Es socio, junto con varios inversionistas argentinos, de negocios que la FIFA le otorgó, en especial una cadena de restaurantes de hamburguesas en los estadios donde se jugará el próximo mundial; a lo largo de los cuarenta días que durará el torneo ganará con sus socios decenas de millones de dólares. Nada mal ¿cierto?
Hay una diferencia abismal con la figura de Diego Maradona, quien siempre estuvo cerca de las causas sociales, apoyó a los desposeídos y jamás olvidó sus orígenes, fue consecuente hasta el último día de su vida. Se acabó el debate sobre ambos, no hay punto comparación, ni futbolística ni humana. Lector-lectora, debes saber que, te guste o no, lo sepas o no, te interese o no, la política te afecta para bien o para mal, es tu decisión participar en ella o permanecer impasible. ¡Irán lucha! ¡Irán no se rinde! Hasta el próximo jueves…