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QUE PENA

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Columnas jueves 04 de junio de 2026 -



El lunes pasado vimos el ocaso de un hombre, sin el garbo y la fuerza que da la pertenencia a un ejército, lo vimos muy disminuido, apagado y con un uniforme que avergüenza, encadenado, esposado y privado de toda libertad.

El general en retiro Gerardo Medina Sánchez fue presentado en la corte del Distrito Sur de Nueva York para una audiencia de estatus ante la juez encargada del caso, Katherine Polk Failla.
Atrás quedaron los años de luz y esplendor donde el militar era el todo poderos, un general del ejército y, a últimas fechas secretario de Seguridad Pública del Estado de Sinaloa. Lo vino escoltado como desde hace años sucedía, pero en esta ocasión no para su seguridad, sino como una medida precautoria para evitar se escapará, por ahora los guardianes no eran militares mexicanos, eran los US Marshall.
Lento, muy lento fue el andar del militar mexicano, quien ingreso 10 minutos después la hora acordada en la sala 618 del edificio Federal de la Corte, una larga cadena con 2 juegos de esposas lo atrapaban, uno de los pies y otro de las manos, su uniforme ya no era el verde militar sino el beige de los reclusos
Fueron cerca de 20 minutos en la que el que fuera un alto mando del ejército mexicano permaneció bajo la mira de la jueza, Polk, del fiscal y de sus abogados, se veía a un hombre que se sabe culpable, así lo reflejo su cansado semblante, lo encorvado de su parsimonioso andar.
Vale recordar que el 11 de mayo, 12 días después de que el Departamento de Justicia lo señaló de presuntos vínculos con el cartel de Sinaloa, el militar retirado se entregó al gobierno estadounidense en la frontera de Nogales Arizona, para quedar bajo resguardo del Servicio de Marshals de Estados Unidos.

Este hombre presuntamente ligado al narcotráfico nació hace 66 años, estudio derecho y una maestría en Seguridad y Defensa Nacional, entre los cargos que ocupó destacan el de director de la Escuela Militar de Inteligencia y comandante en jefe en por lo menos 4 diferentes zonas militares en México.
De ser hallado culpable Merida Sánchez puede alcanzar una sentencia máxima de cadena perpetua y una mínima de 40 años de prisión. El gobierno estadounidense lo acusa de conspiración para la importación de narcóticos, posesión de ametralladoras y artefactos explosivos.
La jueza Polk fue clara y directa al señalar que analizará las que llamó las abundantes pruebas en contra del militar en retiro y que se volverán a reunir en 60 días.

Atrás quedo el general de la imagen recia y estricta, vimos a un hombre con los estragos iniciales de un encierro, se le vio cansado, desanimado, con la cabeza inclinada, dócil y resignado.
@ncar7









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/CR

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