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Exdiputada federal, asesora de la AC Impulsa y colaboradora del STUNAM
Generalmente, no pasa un solo día sin que los medios informativos, tanto tradicionales como electrónicos, publiquen reseñas sobre robos de vehículos a través de Internet y redes sociales. Esto no solo refleja la evolución de la delincuencia en la era digital, sino también las complejidades sociales y económicas del país. Este fenómeno, en aumento, implica no solo la pérdida material, sino también un riesgo para la vida de las personas.
Es importante reconocer que factores como la desigualdad económica, el fácil acceso a las víctimas a través de plataformas digitales y la alta demanda de ciertos modelos de automóviles en el mercado negro, contribuyen a este incremento delictivo. La búsqueda de ofertas atractivas lleva a muchas personas a explorar opciones en línea para comprar o vender coches. Esta necesidad, combinada con la esperanza de encontrar un buen trato, las hace particularmente vulnerables a los engaños y trampas de criminales en el mundo digital. La despreocupación y la falta de conocimiento sobre los peligros de las transacciones en línea suelen llevar a decisiones precipitadas con graves consecuencias. En muchos casos, estos encuentros resultan en un desafortunado robo, pero en otros, terminan siendo mortales.
Los delincuentes, aprovechando el anonimato que ofrecen las redes sociales, crean perfiles falsos para atraer a sus víctimas y ofrecer coches a precios irrisorios, coordinando encuentros en lugares aislados para efectuar los robos. Las consecuencias para las víctimas incluyen el trauma emocional, el miedo y, en casos extremos, lesiones físicas o la muerte. En la Ciudad de México, zonas como Tlalpan e Iztapalapa se han convertido en puntos críticos para estos delitos. La policía ha identificado patrones y ha incrementado esfuerzos para combatir el problema. Sin embargo, esta modalidad de robo, con alcances internacionales, ya no es exclusiva de México. En Estados Unidos y otros países de Centro y Sudamérica se han reportado incidentes similares, demostrando que el robo de vehículos mediante engaños en redes sociales es un problema global.
Plataformas como Facebook, Twitter y WhatsApp, útiles para la comunicación, se han convertido en herramientas para los delincuentes. La falta de verificación efectiva de perfiles facilita la creación de identidades falsas. Un caso reciente en la colonia San Juan Tlihuaca de Azcapotzalco ilustra la gravedad del problema. Las crónicas narran cómo las víctimas, atraídas por una oferta, fueron citadas en la calle Fortunato Zuazua de dicha colonia, pero al llegar se enfrentaron a una situación de terror. En lugar de una venta legítima, fueron interceptadas por individuos armados que robaron el dinero destinado para la compra y huyeron.
Este fenómeno no solo afecta a México, sino también a la comunidad latina en Estados Unidos, donde se han reportado casos vinculados a delincuentes con base en México. Estas organizaciones utilizan las redes sociales para ejecutar estafas, anunciando ofertas de trabajo engañosas o ventas de vehículos a precios muy bajos. Estos anuncios, diseñados para parecer legítimos, atraen a individuos en busca de oportunidades económicas o buenos tratos, convirtiéndolos en blancos fáciles.
El Equipo de Trabajo Regional Contra el Robo de Autos (RATT) en EU. se enfoca en abordar este crimen transfronterizo, utilizando tácticas de investigación avanzadas y colaborando con agencias mexicanas. Las autoridades estadounidenses aconsejan precaución al responder a ofertas en redes sociales, sugiriendo verificar exhaustivamente la legitimidad de dichas ofertas y evitar encuentros en lugares aislados o desconocidos. Las víctimas enfrentan no sólo el trauma emocional y financiero de ser engañadas, sino también el miedo y la desconfianza resultantes de estas experiencias.
Los vehículos más robados suelen ser aquellos de alta demanda en el mercado negro, incluyendo modelos populares y motocicletas. La Policía Cibernética ha detectado un aumento en la creación de perfiles falsos por parte de criminales para ofertar estos vehículos a bajos precios. El robo de vehículos, con o sin violencia, que se ha exacerbado en nuestro país y en alcaldías como Gustavo A. Madero, Tlalpan, Coyoacán e Iztapalapa, tiene consecuencias devastadoras no sólo para las víctimas individuales, sino también para la economía en general. Afecta los costos de los seguros y la confianza en el comercio en línea.
Por ejemplo, para evitar ser víctima de estos robos, la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (Amis) sugiere a los propietarios de vehículos implementar medidas más efectivas para verificar la autenticidad de los perfiles y preferir encuentros en lugares públicos y seguros para las transacciones, además de siempre informar a alguien de confianza sobre estos encuentros. Y aunque la modalidad de robo de auto negociado a través de redes sociales aún no alcanza el nivel de los atracos que suceden mientras se conduce o cuando los vehículos están estacionados, la agrupación contabilizó que entre 2018 y 2019 fueron hurtados 87 mil 651 vehículos y entre 2019 y 2020, 73 mil 743 unidades. Puntualizó que las entidades con más reportes (64 por ciento) son el Estado de México (15 mil 609 vehículos robados), Jalisco (9 mil 791), Ciudad de México (4,806), Puebla (3 mil 515), Guanajuato (2 mil 874) y Michoacán (2 mil 240)
En síntesis, a nivel legal y judicial, las víctimas y las autoridades enfrentan desafíos significativos en la denuncia y el enjuiciamiento de estos delitos, lo que apunta a la necesidad de leyes más estrictas y una mejor cooperación interinstitucional. Frente a la creciente astucia y adaptabilidad de la delincuencia en la era digital, se hace esencial redoblar esfuerzos, tanto en la implementación de estrategias de seguridad como en la concienciación pública. Esta lucha no sólo requiere de una acción firme y unificada de las autoridades, sino también de una ciudadanía informada y precavida. Ninguna recomendación o esfuerzo está de más para combatir la delincuencia, un desafío que demanda una respuesta integral y transversal, capaz de salvaguardar los bienes materiales y la integridad y la confianza en el tejido social de nuestras comunidades en esta era interconectada.
Exdiputada federal, asesora de la AC Impulsa y colaboradora del STUNAM.