Desde mucho antes de que la ciencia entendiera sus efectos, el tabaco ya formaba parte de la vida humana. Su uso se remonta a más de 5,000 años en las culturas originarias de América, donde se empleaba con fines rituales, medicinales y sociales. Tras la llegada del Descubrimiento de América el tabaco se difundió rápidamente hacia Europa y, en pocos siglos, al resto del mundo, transformándose de planta ceremonial en producto de consumo masivo.
Hoy, esa expansión tiene un costo medible. Según la Organización Mundial de la Salud, alrededor del 22% de la población mundial adulta consume tabaco, lo que equivale a más de 1,300 millones de personas. En México, la prevalencia ronda el 15–17% en adultos, con variaciones por edad, sexo y región, y una preocupante persistencia en población joven.
Fumar no solo daña los pulmones; acorta la vida. Diversos estudios longitudinales han demostrado que el tabaquismo reduce en promedio entre 10 y 13 años la esperanza de vida de quienes lo practican de forma regular. Pero lo más asombroso es que dejar de fumar a tiempo puede revertir buena parte de ese daño.Investigaciones del New England Journal of Medicine y del British Medical Journal han demostrado que quienes abandonan el tabaco antes de los 40 años pueden recuperar hasta el 90% del tiempo de vida perdido, mientras que dejarlo antes de los 30 puede hacer que su expectativa de vida sea prácticamente igual a la de un no fumador.
El tabaquismo activo está asociado con más de 8 millones de muertes al año a nivel mundial, y más de un millón de ellas son atribuibles al humo de segunda mano, es decir, a personas que ni siquiera fuman, pero conviven con fumadores. Este humo contiene más de 7,000 sustancias químicas, al menos 250 son nocivas y más de 70 son cancerígenas.
Pero hay esperanza: los beneficios de dejar de fumar comienzan a sentirse desde las primeras 24 horas.
En 20 minutos, baja la presión arterial.
En 12 horas, se normalizan los niveles de monóxido de carbono en sangre.
En semanas, mejora la función pulmonar.
En meses, disminuye la tos y el riesgo de infecciones.
En 1 año, el riesgo de infarto se reduce a la mitad.
En 10 años, el riesgo de cáncer de pulmón baja al 50%.
Además, se mejora el olfato, el gusto, la piel, el aliento, la energía y la calidad de vida. El cuerpo tiene una enorme capacidad de recuperarse, si se le permite.Por eso, fumar envejece, enferma y mata, pero dejarlo es una de las decisiones más poderosas que puedes tomar por tu salud.Pero si decides mirar la vida sin humo, podrías verla —y vivirla— más clara, más larga y plena.
Sin embargo, en la vida como en todo, como bien decía Ramón de Campoamor: “Nada es verdad, nada es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira.”